La vuelta (por tony)

la vuelta es un vaso vacío cubierto de polvo
una gota de agua en la arena del desierto

la vuelta es una libreta cerrada
sin letras ni garabatos

una flor marchita en un jarrón

una muerte llena de vida
una vida sin ganas ni motivos

la vuelta es un escarabajo en una caja de cartón

un amanecer nublado
una tarde de lluvia
una piedra en la mano

la vuelta es la soledad en compañía
un charco de barro
una mirada perdida

la vuelta es un un barco hundido
que nadie ha visto
y nadie ha buscado

la vuelta es un prado seco ante el fuego
un ocho convertido en infinito

la vuelta es un mundo sin sentido

Gracias, merci, shokran, djiere dieuf, abaraká, iniche…

Gracias Ahmed, Andrés, Raquel, Mamito, Sejk, Maylen, Sandra y todos sus compañeros de Médicos del Mundo en Saint Louis, Faye, David y Mónica, Octavio, Fernando, Antonio, Enrique y Gabriel, Rosa y Oscar, Sara, Daouda, Moctar, Madelaine, Ibrahima y toda su familia y amigos de Coulibantan, Arantza, Babacar, Jose.

Gracias Tarfaya, El Aiunn, Boudjour, Dakhla, Nouadibou, Nouakchott, Rosso, Saint Louis, Kelle, Dakar, Coulibantan, Tambacounda, Kidira, Kayes, Bamako, Kita, Matam, Diama y todo lo que hay entre ellos.

Gracias Marruecos, Sáhara Occidental, Mauritania, Senegal y Malí.

Gracias también a todos los que siguieron este blog y sobretodo a los que se atrevieron a hacer comentarios.

Gracias Feroza, nos sentimos profundamente orgullosos de ti.

Gracias Rubén por hacerlo arrancar y mucho más que eso.

Gracias padres, hermanos, novias y amigos del alma.

De parte de los tres, muchísimas gracias.

Fotos (por Pablo)

Para aquellos interesados estoy subiendo algunas de las fotos del viaje a mi web de picasa. Les adjunto el enlace por si les interesa. Poco a poco iré añadiendo nuevas fotos. Un abrazo a todos.

http://picasaweb.google.com/cadenared

El regreso a casa o las lágrimas de África

Finalmente hemos llegado a casa. En Dakhla pasamos dos noches más, donde pudimos disfrutar de las playas, además de un tradicional couscous, bocadillos de kefta y pollo y un delicioso estofado de carne de camello con cebolla y papas fritas (cortesía de nuestro amigo Ahmed). El único inconveniente de estos días de descanso fueron las pulgas, indeseables compañeras de saco durante dos noches. El día 19 salimos a las siete de la mañana hacia Tarfaya. El viaje se hizo largo, pero llegamos a nuestro destino al atardecer. Antes tuvimos tiempo de tomar unos bocadillos de kefta y pollo en El Aiunn. Acampamos a unos 20 km del pueblo de pescadores, arropados por una duna que nos protegía del viento y nos dimos el último baño en las aguas de Marruecos (Tarfaya ya es sur marroquí), a apenas 100 km de la costa canaria.

Al día siguiente nos despertamos temprano y recorrimos los últimos kilómetros continentales. La mañana estaba nublada y por primera vez en todo el viaje, una pequeña lluvia, apenas un chispeo, cayó sobre el Feroza. Parecía que África derramaba unas pocas lágrimas de despedida. A las 10 salimos con destino Fuerteventura. Tras cuatro horas de crucero y una hora y media de espera en la frontera española salimos disparados hacia Morro Jable con la esperanza de cambiar los billetes y salir esa misma tarde hacia Gran Canaria (los billetes tenían salida desde Puerto del Rosario y ningún barco salía hasta pasados dos días). Cumplimos nuestro objetivo, aunque en parte nos quedamos con pena de no haber dedicado un poco de nuestro tiempo a Fuerteventura, ya que teníamos en mente pasar dos noches de acampada si no nos cambiaban los billetes.

A las nueve y media de la noche desembarcamos en el Puerto de la Luz. Casi dos meses después de la partida, estábamos de nuevo en casa.

De Saint Louis a Dakhla y la salud del Feroza

Por supuesto no llegamos de día a Nouakchott. Al salir de Saint Louis, cuando habíamos superado los tediosos controles policiales, un siniestro ruidillo nos hizo miranos mutuamente unos instantes. El volumen se incrementó rápidamente y paramos el coche en el andén. Abrimos el capó y comenzó a salir humo de una de las correas. Apagamos el motor y la frase de Tony fue: “Me da que nos volmemos en barco desde Dakar”. En uno de los volantes de la correa de la bomba de la dirección se podía observar un trozo de metal fundido que sobresalía del mismo con un aspecto desmoralizador. Inmediatamente llamamos al mecánico que minutos antes había soldado las grietas del radiador y acudió enseguida en su moto. Su rápido diagnóstico nos tranquilizó al instante. Al parecer los cojinetes se habían quedado sin grasa. Esperamos unas horas tirados al borde de la carretera hasta que volvió con el recambio y montó la pieza. Eran las tres de la tarde y tuvimos que decidir si dábamos la vuelta para salir al día siguiente o proseguíamos el camino con la certeza de tener que conducir de noche hasta Nouakchott. Optamos por la segunda opción y nos dirigimos hacia Diama, una presa que rompe el río Senegal y hace de paso fronterizo con Mauritania. No tuvimos muchos problemas para cruzar la frontera y después de unas dos horas y media de pista de tierra alcanzamos Rosso. Todo el trayecto entre Diama y Rosso lo hicimos sin el pertinente seguro mauritano para el coche, pero en los escasos controles que encontramos no nos solicitaron el documento. Para nuestro asombro la policía mauritana se mostró bastante amable. En Rosso volvimos a recordar el agobio que causa ese lugar mientras cambiábamos euros a ouguillas y sacábamos el seguro. Ya eran las seis y media cuando comenzamos el camino a Nouakchott.

El trayecto hasta la capital mauritana pasó sin sobresaltos y poco a poco nos fuimos acostumbrando al lenguaje de luces que se aplica en los trayectos nocturnos. La mayoria de la gente pica las luces indiscriminadamente y pone los indicadores según su propio criterio, suponemos que para marcar su posición, aunque no descartamos la existencia de algún lenguaje parecido al morse, con estructuras gramaticales luminosas bastante complejas. Sobre las diez y media llegamos a Nouackchott, donde nos esperaba un médico amigo de un amigo que nos acogió en su casa y nos invitó a cenar (hamdoulilah). Depués de una jornada agotadora caímos rendidos sobre los colchones, pero contentos de haber superado dos averías en tiempo récord y haber alcanzado nuestra meta.

Por la mañana temprano nos despertamos y preparamos el coche. Todavía asustados por las primeras averías del Feroza vimos que todo estaba bien y nos lanzamos de nuevo a la carretera. El objetivo del día era nada menos que recorrer poco menos de 1000 km hasta Dahkla, con frontera mauritano-marroquí incluida. El primer incidente no tardó en llegar: en uno de los inumerables controles policiales-militares el cuentakilómetros dejó de funcionar. Otro aviso de que el Ferozihna estaba empezando a notar la caña que le habíamos dado durante el viaje. Al menos el tiempo acompañó durante todo el trayecto y el calor no hizo estragos, a pesar del fuerte viento del este que sopló durante toda la jornada. Siempre quedará en nuestra memoria la alfombra móvil de arena que atravesaba la carretera a nuestro paso, que por cierto, sacó brillo a las sucias llantas del coche.

Sobre las tres y media por fin alcanzamos la frontera. En uno de los largos ratos de espera Tony realizó un descumbrimiento aterrador: el amortiguador trasero izquierdo estaba completamente destrozado. No nos estamos refiriendo a que hubiera cedido por el uso, sino que literalmente estaba partido en dos, algo que nos dejó atónitos y bastante desmoralizados. Otra de las anécdotas “graciosas” del día fue perder la pista en la “tierra de nadie”, una carretera de tierra de 2.5 kilómetros en bastante mal estado que atraviesa una zona minada. Sin comentarios. Una hora y media después habíamos realizado los pertinentes trámites y pudimos seguir camino a Dahkla. Los últimos kilómetros del trayecto se hicieron agotadores. Otro día más superamos las doce horas de conducción. En apenas 24 horas habíamos pisado nada menos que tres países.

Llegamos a Dahkla a las once de la noche y nos dirigimos hacia el camping donde nos habíamos alojado hacía poco menos de dos meses, pero para nuestra desgracia las maravillosas jaimas que habíamos usado aquella vez estaban desmontadas. Al final optamos por montar nuestra propia caseta, preparar una cena rápida y desplomarnos sobre nuestras esterillas.

Nuestro querido compañero de viaje (compañera para Pablo) no deja de toser. Después de las fisuras en el radiador, la fundida del cojinete en la bomba de la dirección, la pérdida del cuentakilómetros y la ruptura del amortiguador, descubrimos con horror que el coche sigue perdiendo líquido refrigerante. Estamos bastante preocupados con la viciada dinámica que está empezando a coger (aunque seguimos confiando en el Feroza y sabemos que nuestro destino es llegar a casa con él en marcha). Ya sólo quedan unos 700 kilómetros hasta Tarfaya, por lo que hemos decidido seguir el camino muy atentos al radiador. La única buena noticia es que en una de las revisiones hemos arreglado el cuentakilómetros.

Como compensación a tanto sufrimiento, hoy nos hemos dado un baño dentro de la península de Dakhla, concretamente en la calita habitada por nuestro amigo Ahmed, quien por supuesto nos obsequió nada más llegar con un dulcísimo té saharaui y nos invitó (obligó) a comer al día siguiente con él. Por la noche, para completar la jornada, disfrutamos de un magnífico tajin marroquí que habíamos encargado con antelación en un restaurante tradicional que ya conocíamos de nuestra anterior estancia aquí.

Acaba de llegar el mecánico…

El radiador está soldado. Lo ponemos y salimos. Con suerte llegaremos de día a Nouakchott.

Besos.

La gota que colma el vaso…

9.45: Quieren multarnos por tener el Feroza ”aparcado” en una zona indebida. Tenemos que meter el coche en el garaje a empujones cuesta arriba… No pagamos pero sudamos un poco…

A la espera del mecánico. Mauritania sigue esperando…

10.00: El mecánico ha desmontado el radiador y se lo ha llevado para soldar la grieta. Estamos a la espera de que regrese. Una vez reparado la idea es salir hacia Nouakchott, pero si se hace demasiado tarde puede que tengamos que pasar la noche aquí.

Los sudores del Feroza…

9.30 de la mañana. Todo listo, el coche en marcha perfectamente cargado. Despedida de la gente. Gotita de líquido verde bajo el capó. Apretón de abrazadera de un tubo del radiador. Persiste la gota. Retirada de la abrazadera y revisión del tubo. Aaaahhhh !!!!

El radiador tiene una grieta.
Bajona.

Opciones:

1. Repararla con fibra de vídrio, que hemos traido para estos casos (gracias maestro Rubén).
2. Llamar a un mecánico.

Decidimos llamar al mecánico de Médicos del Mundo y estamos a la espera de que llegue para echarle un ojo. Si se puede soldar, estupendo. Si no, tiraremos de fibra de vidrio y que aguante hasta Tarfaya… (no nos falles ahora Feroziña…)

El principio de la cuenta atrás

Mañana temprano esperamos partir hacia Mauritania. Saldremos de Saint Louis rumbo a la presa de Diama, paso fronterizo que esperamos sea más sencillo que nuestro “amado” Rosso. Nos han hablado bastante bien de esta frontera. La ventaja (además de no ser Rosso) es que se cruza el río Senegal por la propia presa sin necesidad de usar un transbordador, por lo que los trámites (y en teoría los pagos) se simplifican. La desventaja es que una vez sobrepasada la frontera tendremos que avanzar 100 kilómetros por una pista de tierra hasta llegar al Rosso mauritano. Desde ahí comenzaremos ya a recorrer camino andado, unas tres horas en carretera de asfalto (en condiciones bastante aceptables) hasta Nouakchott. El resto es “subir” lo que ya “bajamos” hace casi dos meses, cuando aún no sabiamos lo que nos íbamos a encontrar…

Una vez hayamos salido de Saint Louis las posibilidades de actualizar este blog se reducirán considerablemente y con suerte podremos publicar algo desde algún cibercafé. También existe la posibilidad de que no podamos escribir más hasta la firma final, cuando hayamos pisado suelo canario. Por lo tanto queremos aprovechar para agradecer a todos una vez más sus palabras y comentarios, que nos han brindado mucho ánimo y apoyo.

Ya falta poco para llegar a casa y aún nos queda todo un desierto que cruzar. Esperamos de corazón que este blog haya servido para compartir algunas de las experiencias y también para alentar a algunos de sus lectores a que hagan la maleta y vengan a visitar esta zona tan acogedora y fascinante del mundo, como las gentes que habitan en ella.

De parte de los tres, muchísimas gracias por habernos acompañado durante el viaje.

El mercado de Get Ndar (por Pablo)

Me encanta el mercado de Get Ndar, el barrio de los pescadores. Es un contraste en comparación con la isla de Saint Louis, tan hermosa con sus decadentes edificios coloniales, pero marcada por los turistas y los comportamientos que condicionan. Es un mercado a la antigua usanza, con sus pequeños puestos de pescado, verduras, legumbres, especias, etc. También se venden utensilios de las más variadas tendencias, y lo que más me gusta son los recovecos que descubren los pequeños puestos de telas y talleres para su confección. Sorprende observar que casi todos los que cosen son hombres. Me hace gracia ver al típico anciano con la clásica indumentaria musulmana cosiendo a máquina una falda o un corsé, es casi tan gracioso como ver a dos hombres viejos cogidos de la mano mientras pasean por la ciudad. Es un barrio pobre, lleno de basura, de calles de tierra y polvo, lleno de cayucos de pesca, redes y un fuerte olor difícil de describir con palabras.

Nos estamos quedando muy cerca de allí, al otro lado del río. En tan sólo tres minutos cruzas el pequeño puente y vas haciendo tu pequeña compra diaria, hablando con la gente y sintiéndote parte del bullicio que rodea al mercado. Es una sensación completamente distinta a la que siento dentro de la isla de Saint Louis, donde los mercaderes contínuamente te abordan para que compres mercancía a precios desorbitados, y no te dejan tranquilo hasta que no se dan por vencidos. Es una de las consecuencias del turismo, que genera riqueza pero a la vez pervierte el ambiente de los lugares donde se hace latente. Saint Louis es así, pero sus alrededores todavía no.

Ya casi no quedan este tipo de mercados en España. Ahora lo que manda es el mercado internacional y las grandes superficies. Carrefour sustituyó a Lola, Mercadona a Manuel, El Corte Inglés a Rosa. Aquí siguen existiendo los puestos de Ndiaye, de Ibrahim o Sana, pero no sé hasta cuando. Quizás mientras sea un país pobre lo único que interese sean sus recursos (que por más que los senegaleses presuman de ellos, francamente, son escasos). Son las cicatrices de la globalización, pero sobretodo el reflejo del fracaso de las personas frente a las empresas. En alguna parte del camino se perdió su sentido, y ahora son “sistema”. Se acabaron los países, los pueblos, las regiones. Vivimos en un mundo de empresas, y la única bandera que ondea es la del beneficio. Las personas seguimos enfrascadas en palabras vacías como patriotismo, conflicto y egoísmo, mientras que las grandes corporaciones se regocijan disfrutando su victoria. El mundo ya no es un lugar para compartir, sino un sitio donde si queremos ser aceptados debemos pedir permiso y adaptarnos a las reglas del juego. Como decía el escritor Eduardo Galeano, aquí los únicos votos que valen son los de los accionistas en las juntas. El de los ciudadanos hace tiempo que dejó de contar, solo sirve como zanahoria agarrada a una caña. No hay mayor esclavo que aquel que se siente libre, ni mayor necio que aquel que se siente sabio. Yo estoy seguro de no ser sabio, pero también de que no soy libre. ¿Seré capaz de romper mis cadenas?, o peor aún… ¿Quiero?

Banda sonora (III): On verra ça

“Alhamdoulilah rabil alamine…” Así comienza una de nuestras favoritas de la Orquesta Baobab. Todo un clásico de la música moderna senegalesa. Afro-latin-jazz-funk en wolof… pura fusión.

Un repatriado nostálgico (Por Yeray)

Hola a todos, sobre todo a Pablo y Tony. Perdonen si he tardado en escribir pero es que después de mi traslado un poco dificultoso, he necesitado una semana para reordenar mis pensamientos. Todavía no lo he conseguido, es más, es ahora cuando estoy empezando, antes simplemente no pensaba. Solo he descansado, he ido a la playa, y he comido mucho y sobretodo ni un solo grano de arroz. Después de este tiempo de reposo me pondré las pilas e intentaré que el proceso alienante y monotonizador ( me encanta inventarme palabras) de la vida cotidiana y más que nada de la televisión consigan su objetivo un poco más tarde. La verdad es que no es nada fácil pero chicos he estado hablando con gente desde que he llegado sobre la globalización, etc. Y sorpresa….nada de nada, parece que ese 80% de gente se empeña en no demostrar interés el cambio, o mejor dicho en la mejora. La cosa está dificil. Tanto esfuerzo en posts de sensibilización pero últimamente siento lo que pasaron nuestros padres. Frustación de la imposibilidad del cambio. Tendremos que esforzarnos mucho más ya que parece que no es suficiente con contar las cosas, las tenemos que vivir para entenderlas como dijo un fiel seguidor de este blog. “Sí, que guay lo que cuentas”, pero después del palique como quien cambia de canal. Bueno perdonen mi bajona pero se lo tenía que contar a alguien. Ánimo a todos pero más a Pablo y Tony que me a encantado compartir esta experiencia con gente con los sentidos tan abiertos como para escuchar lo que les cuenta el viaje.

Sierra Leona y la desinformación (por tony)

Sierra Leona es en Europa sinónimo de guerra, de violencia, de niños soldado. En 1961 consiguió la independencia pero en 1991 comenzó una guerra civil que no terminó hasta 2002. Decenas de miles de muertos, otros tantos amputados o víctimas de torturas y violaciones y más de la mitad de la población desplazada por el conflicto son sólo cifras que se utilizan para reflejar de alguna manera el horror de la guerra. El motivo: los diamantes.

A pesar de ser un país extremadamente rico en minerales, recursos pesqueros y agrícolas y poseer una diversidad biológica asombrosa, Sierra Leona es uno de los países más pobres del mundo (de hecho fue calificado el más pobre por la ONU durante un tiempo). Podría considerarse, a pesar de que la guerra acabó hace ya más de seis años, un país “en vías de subdesarrollo”.

En Senegal hemos conocido a tres españoles y una hondureña que trabajan allí: Óscar lo hace para Cruz Roja, Rosa para Médicos del Mundo, Diego para un banco alemán como informático y Kenia (la hondureña) se acaba de trasladar al país para vivir con su pareja (Óscar). Los cuatro coinciden en que Freetown, la capital, es un lugar muy tranquilo donde puedes caminar sólo por la noche sin miedo a ser atracado. Con total convicción nos han invitado (concretamente Óscar, a quien tengo especial cariño) a pasar una temporada en su casa.

Las condiciones de vida en el país son muy duras. En la misma capital prácticamente no hay electricidad, agua corriente ni alcantarillado. Las comunicaciones son escasas y deficientes. Los problemas de sanidad, la malnutrición y la falta de educación básica son las principales adversidades de la población, cuyo índice de alfabetización apenas llega al 20 % . Como dice Óscar, algo tan simple como lavarse las manos para evitar contagios e infecciones es algo que hay que enseñarles, porque no comprenden la importancia que ello puede tener en sus vidas.

Las calles, casi todas de tierra (como es habitual en África), son un bullicio de actividad durante el día. Las casas, la mayoría de zinc y madera, componen un puzzle gigante en tres dimensiones y la ciudad se expande cada día un poco más por las montañas (verdes y rojas) con vistas a la costa. La vida, como siempre, genera vida. Por la noche, cuando el calor afloja un poco, las calles se llenan de velas y la gente sale a pasear. La música suena en todas partes. Los sierraleoneses, por lo que nos cuentan, son muy amables y alegres. Siempre están sonriendo y no quieren hablar de violencia. La guerra terminó hace tiempo y prefieren dejarla atrás, como un triste y amargo recuerdo. Sierra Leona ya no es sinónimo de guerra y los niños soldado ahora son hombres que trabajan dignamente para ganarse la vida. Muchos siguen siendo niños. El horror no les dejó tiempo para crecer.

En África comenzó el ser humano a dar sus primeros pasos. De África venimos cada uno de nosotros. Sierra Leona, como todo este continente (y a pesar de los medios), es sinónimo de vida y paradójicamente, de riqueza.

No he estado en Sierra Leona. Todo lo que he escrito sobre este país es fruto de lo que he leído y lo que me han contado Óscar, Rosa, Diego y Kenia. Mi concepción sobre Sierra Leona ha cambiado mucho conociendo a esta gente. Ahora me apetece ir a Sierra Leona.

Algunos enlaces para saber más sobre este país:

http://es.wikipedia.org/wiki/Sierra_Leona
http://www.afrol.com/es/Paises/Sierra_Leona/esp_guerracivil.htm
http://www.afrol.com/es/paises/sierra_leona

(Publicado también en http://antidesinformacion.wordpress.com)

Banda sonora (II):Yala

Otra maliense, de nuestras favoritas… Oumou Sangare, revolucionaria y luchadora. Defensora de los derechos de la mujer, tan tristemente oprimida en estos países.

Fotos sueltas

Llorar por dentro, una vez más (por Pablo)

Anoche salí hacia un almacén situado en la isla de Saint Louis en busca de cervezas para celebrar al día siguiente el cumpleaños de Tony. Cuando volvía pasé un segundo por la panadería en la que solemos comprar pan cuando estamos por aquí (consejo que nos dió Marie, ex-administradora de Médicos del Mundo, cuando vinimos el año pasado). Está situada enfrente del hotel La Residence, uno de los más lujoso de toda la isla. Como siempre hay turistas, las calle está llena de talibés y demás niños de la calle, que se lanzan sobre la gente que pasa en busca de dinero, regalos o simplemente un trozo de pan. Sus ropas suelen estar rasgadas, sus pieles repletas de roña y sus miradas se clavan sobre tus ojos. Sientes como sus pequeñas manos tiran de tu ropa para que les prestes un poco de atención.

Ayer volví a sentir, una vez más, ese tirón, y mientras lanzaba mi automatizado “dedet” (”no” en wolof) vi la cara inflada a hostias de un niño que reclamaba mi atención. Casi no se le veían los ojos, y tenía un enorme flemón en su mejilla izquierda. Me señaló sus heridas, y me dijo “coeur” (corazón en francés), mientras con una mano extendía su mano y con la otra sostenía su pecho. Lo miré unos segundos, giré y me fui con dos barras de pan por las que pagué 280 francos. Y por enésima vez, llore por dentro, porque ya casi ni me acuerdo de cómo se hace por fuera.

Anoche soñé con él, pero en mi sueño compartí el pan que anoche no le quise dar.

Banda sonora (I): Fast Food Senegal

Este tema es uno de los clásicos que suena en nuestro viaje. Esperamos que les guste. Es de Amadou y Mariam, con la colaboración de Manu Chao.

Siete reflexiones africanas

Escucha más a menudo
a las cosas que a los seres
La voz del fuego se oye,
oye la voz del agua.
Escucha en el viento
a la maleza que solloza.
Es el aliento de los antepasados

(Birago Diop)

La marcha del hombre puede efectuarse únicamente gracias a la “contradicción de sus pies,
puesto que todos los contrarios son complementarios.
Es la gran ley del dualismo.

(Tradición oral Fulah)

Las sombras andan, los animales andan sobre la tierra que anda a su vez,
¿Por qué no iba a andar yo?

(Tradición oral Fulah)

Si la rama quiere florecer, que honre a las raíces

(Pacere Titinga)

Si quieres salvar conocimientos y hacer que viajen a través del tiempo,
confíaselos a los niños.

(Anciano iniciado bambara)

El clavo sostiene a la herradura, la herradura sostiene al caballo, el caballo sostiene al hombre, el hombre sostiene al mundo.

(Tradición oral malinké)

Hay que recordar que el carácter invisile, impalpable, insensible de una cosa
no es prueba absoluta de su inexistencia.

(Amadou Hampaté Ba)

Gastronomía (II)

- Comida:

- harina de mijo: base de la alimentación en gran parte de Senegal y Malí [Origen: Colibantan (Koussanar, Senegal)]

- mono (no es lo que parece): desayuno caliente compuesto por bolas de mijo amasado, con agua, harina de mijo (originalidad ante todo) y un poquito de yoghourt con azúcar. Está delicioso, pero Pablo no lo traga bien [Origen: Colibantan (Koussanar, Senegal)]

- miel pura y dura (con trozos de abeja y cera incluídas): se coge con los dedos y se mastica. Si queda mucha cera en la boca, se escupe una vez sacado todo el dulzor. Auténtico manjar que algunos deseábamos probar desde la infancia. [Origen: pueblo cercano a Colibantan (Koussanar, Senegal)]

- Yassa Poisson (arroz con cebolla y pescado ligeramente picante): Las cebollas senegalesas y malienses son magníficas [Origen: Colibantan (Koussanar, Senegal)]

- Albóndigas de pescado seco y/o ahumado (con espinas), harina de mijo y salsa de pescado. Plato de bienvenida la primera noche en el pueblo de Ibrahima [Origen: Colibantan (Koussanar, Senegal)]

- Agua:

- Agua fría: casi nunca la bebemos, la compramos así para beberla cuando se ha convertido en templada o caliente.
- Agua templada: la más habitual durante el viaje. Toda una delicia refrescante en comparación con la caliente.
- Agua caliente: bastante habitual durante el viaje. Estupenda para remojarse por la noche. Dura de beber, pero sacia la sed.
- Agua muy caliente: consumida en varias ocasiones en casos extremos. Muy desagradable, apenas sacia la sed. Sirve para preparar té sin tetera.
- Agua turbia: de pozos de dudosa procedencia. Sabor terroso bastante agradable (todo hay que decirlo), sobre todo cuando está fresca. Consumida en pocas ocasiones en sorbos pequeños. Peligrosa…
- Agua en bolsas de plástico: consumida en una ocasión por falta de alternativas. Fresca y con sabor al contenido que había anteriormente en la bolsa o en el recipiente anterior del líquido transparente (helado, refresco o algo parecido). Peligrosa.
- Agua con hielo (de agua de bolsas de plástico): Consumida habitualmente en Tambacounda y Colibantan para no beber agua caliente. Refrescante aunque puede contener trozos de materia de procedencia desconocida.
- Agua con alas de mosca y hormigas: Consumida en una ocasión a falta de alternativas. El agua era nuestra y los bichos entraron en algún momento desde que la servimos en el termo. Soportable hasta el fondillo, que fue desechado.

Mapa de la ruta Bamako-Saint Louis

A partir de la “evacuación” de Yeray decidimos volver a Saint Louis sin mucha demora tomando la ruta del sur en Malí y la del centro en Senegal. En Matam nos indicaron que la carretera del norte, la que discurre paralela al río Senegal (frontera natural con Mauritania) era más rápida. La travesía ya la conocen, pero ahora les adjuntamos un mapa con la ruta definida. Tardamos cuatro días en alcanzar la desembocadura del río Senegal, cuyo curso seguimos desde la presa de Manantali.

Hoy el cuentakilómetros del Feroza marca 6500km, desde que lo pusimos a cero el día que llegamos a Tarfaya (29 de febrero).

De vuelta en Saint Louis

El trayecto Matam-Saint Louis duró unas siete horas y media, aproximadamente. La carretera está en unas condiciones bastante buenas y llegamos a la ciudad dentro del horario previsto (cosa asombrosa, por cierto). Si el trayecto fue algo caluroso dadas las altas temperaturas que hay en el interior del país por estas fechas, la llegada a la urbe fue tremendamente caliente. Tres controles de policía (cada cual más antipático) en cuestión de 20 minutos a la entrada de Saint Louis. El último nos pidió los triángulos, de los cuales sólo teníamos uno, pues pensábamos que con éste bastaba según la legislación de Senegal. Pues bien, la labia de Pablo, sumada a su efusiva expresividad y su plena y falsa convicción de que sólo era obligatorio tener uno, hicieron que pasásemos sin pagar un duro, salvando el bolígrafo que Tony tuvo que regalar al agente, quien quedó tremendamente agradecido por el “regalo”…

Diez minutos de tensión hasta cruzar el puente y llegar a la isla, esperando en cualquier momento un cuarto e incluso un quinto control para “tubabs” pardillos como nosotros (qué poco nos conocen…) Pasado el puente, coche aparcado y Thiep bou diene triple para los dos a la senegalesa (plato compartido), un par de plátanos y a casa de David y Mónica, quienes haciendo gala de la teranga senegalesa nos invitaron a pasar unos días en su casa. Saludos a la gente, descarga del coche y limpieza de cada una de las cosas que iban en él. La tierra se había mezclado hasta con el gofio…

Pablo se fue a la ducha, que quedó semiatascada con tanta mierda y Tony se fue con Octavio, uno de los compañeros de David a fotografiar zorros voladores a la plaza de Saint Louis. Tras la ducha de Tony hubo que desatascar la bañera. Por la noche unos bocadillos de carne picante por 500 CFA y unas fatayas (empanadillas de carne senegalesas), también por 500 CFA. Luego a rellenar el blog y hablar con la gente por Internet. A las 2 de la mañana estábamos los dos muertos, cada uno en una habitación… puro lujo.

A la mañana siguiente Tony se levantó a las 8 con ganas de escribir en el blog y pablo un poco más tarde. Ambos completamente descansados y felices. Para variar, un vaso de leche en polvo con gofio (Pablo incluyó su amado café en el buffet), esta vez frente a los ordenadores (el del padre de Tony y el de Mónica)… puro lujo…

El segundo desayuno sentó todavía mejor. Esta vez con pan recién hecho y mantequilla. Visita al banco para cambiar parte de las reservas y paseo por el mercado del barrio de los pescadores (Guet Ndar) en busca de vegetales para el almuerzo y la cena. Spaguetti con salsa de tomate casera para cinco y el consiguiente descanso para hacer la digestión.

Por la tarde puesta a punto del coche: cambio de aceite y filtro según las enseñanzas del maestro Rubén, ajuste de una fuga de líquido refrigerante, limpieza del filtro del aire y el sol se puso para avisarnos de que mañana (y no hoy) íbamos a cambiar el filtro de la gasolina.

Ahora mismo escribiendo estas palabras y esperando para salir a tomar unas gazelle (cerveza nacional) y unas brochetas de facocero (el jabalí africano del rey león). Un abrazo a todos.

De la tierra al asfalto (o la entrada en Senegal)

A las 5.30 nos despierta “Vakita gitana”, composición de nuestro amigo Federico (Chaps), en el despertador del móvil de Pablo. Un vaso de agua caliente con gofio, azúcar y leche en polvo, como cada mañana. Una rápida recogida del campamento, una pequeña organización del coche y salimos, entre baobabs, a la carretera para continuar la ruta. Las condiciones del camino no cambian en absoluto con respecto a la jornada anterior, pero el fresco de la mañana hacen mucho más agradable las primeras horas de conducción. Al poco tiempo de la marcha cruzamos de nuevo el río Senegal por un puente que nos invita a detenernos y tomar unos planos y unas fotos. Pablo se anima y graba un sonido ambiente con el equipo de audio.

El camino continúa atravesando pueblos preciosos, de casas circulares de adobe y paja, algunas de ellas decoradas con pinturas muy parecidas a las que hace muchos siglos los aborígenes de Gran Canaria plasmaron en la cueva pintada de Gáldar. La gente sale a saludarnos con una gran sonrisa y los niños, exaltados, se acercan corriendo a veces para saludar, otras para pedir regalos… (triste legado de los turistas que pasaron antes que nosotros por aquí).

Poco después del mediodía pasamos por unas cascadas preciosas, indicación, por lo que habíamos visto en Google Earth, de que estábamos cerca ya de Kayes.

En poco menos de una hora llegamos a la ciudad. Compramos agua y gasolina y continuámos la marcha hacia Kidira, frontera con Senegal. Como habíamos imaginado, la salida de Malí fue tan sencilla como la entrada, y a las 14.30, tras media hora de gestión aduanera, estábamos en Senegal otra vez.

La carretera, ya desde Kayes, era de asfalto nuevo y nos permitía alcanzar los 90km/h con el feroza. No solemos superar esta cifra por cuestión de ahorro de combustible y seguridad. Ya en Senegal el asfalto deja un poco que desear, pero mantenemos un buen ritmo. Una parada bajo un baobab para comer una papaya y unos mangos malienses, una foto y continuamos el camino.

Un pequeño error de cálculo nos hace perder bastante tiempo entrando en un pueblo que podíamos haber pasado de largo si hubiésemos visto el cruce que quedó atrás. El aumento de socavones en el asfalto ralentizan la marcha y la amortiguación del feroza se lleva un par de sorpresas desagradables. Nuestra meta, pasar Matam, queda demasiado lejos y decidimos acampar antes (en distancia, no en tiempo) de lo previsto. El sol sigue marcando nuestro ritmo.

Bamako y el largo regreso hacia Senegal

Bamako nos causó desde un primer momento una agradable sensación. De todas las grandes urbes africanas que hemos visitado en este viaje (Nouadhibou, Nouakchott, Saint Louis y Dakar) ésta ha sido la más amable de todas. La gente sonríe al saludar, las calles rebosan de vida y el río da un encanto especial a la ciudad.
Aunque conducir sigue exigiendo la máxima concentración, no se siente la tensión y la agresividad de las otras ciudades. De todas nuestras vueltas por la capital, quizás el sitio con más encanto que visitamos fue el mercado de los artesanos, un bullicio de gente y artículos variados donde, entre otras muchas cosas, pudimos contemplar cabezas de animales disecadas que suponemos eran para prácticas animistas. También había instrumentos musicales típicos de Malí y collares de todas las formas y colores.

Un día después de la evacuación de Yeray salimos hacia Kayes por la carretera del sur (la que el primer día no habíamos tomado por equivocación). Tras varias horas de travesía, llegamos hasta Kita y nos adentramos unos 40km en una reserva natural por una excelente pista de tierra. Elegimos un lugar tranquilo para acampar (cosa nada difícil, por cierto) y a las 7.30 de la tarde estábamos ya en la caseta.

A la mañana siguiente, nada más salir el sol continuamos nuestra ruta, que consistió en deshacer el camino de tierra que nos había llevado a la reserva y retomar la carretera principal en dirección oeste. La carretera de asfalto se convirtió a los 5 minutos en una pista de tierra muy ancha y lisa. Al cabo de un rato volvió el asfalto (esta vez en condiciones bastante lamentables) alternado con tramos de tierra poco prometedores. El trecho hasta Manantali, la gran presa que domina el curso y el ritmo del río Senegal, fue bastante lento y por momentos cruzábamos los dedos para que apareciera la masa de agua tras la siguiente curva.

Unas horas más tarde de lo previsto alcanzamos el muro gigante. El curso del río era espectacular presa abajo y no pudimos resistir el parar a darnos un baño y comernos un par de mangos. El agua fresca y transparente sirvió para retomar la ruta con ganas y quitarnos la tierra de encima. A los cinco minutos, todo lo que quedaba del baño era un lejano recuerdo, y la carretera (en este tramo una buena pista de tierra que nos permitía llegar a los 75km/h) devolvió el tono rojizo a nuestros cuerpos.

Apenas había pasado media hora, cuando llegamos a un pequeño pueblo. Tras aflojar la marcha preguntamos cual era el camino a Kayes, ya que de las diversas carreteras que salían del mismo, ninguna parecía ser la principal. La ruta se iba a convertir en un camino de cabras. La frase que Pablo no paraba de repetir era: “esta no puede ser la carretera…” Tony secundaba la afirmación.

Después de preguntar de nuevo a un par de personas por el camino a Kayes, encender el gps y plantearnos dar la vuelta hasta el pueblo, decidimos continuar unos kilómetros a ver si la cosa cambiaba. Efectivamente cambió, porque llegamos directamente una bifurcación del río, en la que presumiblemente deberíamos coger un transbordador. Las chicas que limpiaban la ropa en la orilla nos indicaron que debíamos tocar la pita para que vinieran a buscarnos. Tras 20 minutos, el transbordador llegó y el feroza volvió a cruzar el río Senegal: la primera vez en Roso, frontera de Mauritania con Senegal y esta vez dentro de Malí. Las vistas eran espectaculares.

en el transbordadordurante el baño

El camino no sólo no mejoró tras cruzar el río, sino que se volvió más lento y pesado. Las horas más calurosas del día (a las 14.30 estábamos en la otra orilla) tampoco hicieron agradable el paseo.

Tras unas cuantas horas en que no pasamos de primera y segunda, con varias paradas para poner la tracción en las cuatro ruedas y viendo que la noche se nos venía encima, decidimos encender de nuevo el ordenador con el gps. La situación fue la siguiente:

Acampamos donde pudimos y descansamos tras un largo día de carretera. El día siguiente iba a ser muy duro si queríamos adentrarnos en Senegal para llegar a Saint Louis dos días más tarde.

Parte Médico (II)

Tony: Sin novedades. Pronóstico: Sobrevivirá.

Pablo: Estreñimiento ya superado. Sospechas de que tanto arroz no puede ser bueno. El paciente ha mejorado a base de sopas con fideos y pasta. También se pegó un tortazo tonto en Bamako y tiene una pequeña costra en la canilla izquierda debidamente desinfectada. No es importante pero jode. Pronóstico: Sobrevivirá.

Yeray: Infección bacteriana en el sistema digestivo. Fuertes diarreas, mareos y vómitos. Fiebre leve con puntas temporales. La temperatura corporal llegó cerca de los 39 grados. La interna no sabemos bien qué es. Hubo sospechas de malaria (que al final han sido descartadas), por lo que el paciente fue hospitalizado y tras evaluar la situación ha sido evacuado para garantizar su seguridad. Pronóstico: Sobrevivirá.

Cosas que estoy aprendiendo (por tony)

A levantarme y acostarme con el sol. El cuerpo y la mente lo agradecen.
A lavar las cosas y a mí mismo con un hilillo de agua y quedando limpio. Eso sí, no absolutamente desmicrobiotizado como en casa, pero estoy seguro de que es mejor así.
A montar un campamento, preparar la cena, revisar el coche y echarme a dormir en una hora escasa.
A darme cuenta de que hay cosas que no puedo grabar con una cámara de vídeo.
A compartir la comida con cualquiera que esté a mi lado, aunque no tenga apenas qué echarme a la boca en ese momento.
A comer del mismo plato con gente que no conozco, aunque algunos lo hagan con la mano y no estén tan limpios como yo.
A beber agua caliente, turbia y/o con sabor a tierra.
A romper todas las normas de precaución con la comida y la bebida. Por educación, hambre y sed…
A dar las gracias en muchos idiomas (abaraká, iniche, djeredieuf, merci, etc…) y a llevarme la mano al corazón mientras tanto.
A saludar a todo el que se cruza en nuestro camino. Y a sonreir siempre que lo hago.
A apreciar a los que no tienen nada y lo dan todo a cambio de nada.
A echar de menos a la gente de verdad. Y a la tierra y el mar también.
A emocionarme con una sonrisa desconocida.
A ver al mismo niño en todos los niños.
A llorar (o casi) de alegría y satisfacción.
A querer un poco más a la gente. Sobre todo a los que me quieren.
A conocerme mejor…

Y la lista sigue creciendo en este momento… Espero que siga así.

Tubabu cadeau (por Pablo)

Una cosa que no deja de sorprenderme de nuestro viaje por el África Occidental ha sido el haber escuchado miles de veces la palabra “cadeau”. Significa regalo en francés, y allá donde vamos, por muy alejados que estemos, siempre resuena en nuestros oídos. El regreso de Bamako a Saint Louis ya ha sido la gota que rebosa el vaso. En los pueblos más perdidos de nuestro viaje los niños salían gritando como posesos esa maldita palabra, y ya no sabíamos qué hacer. Mi rabia no va hacia los niños, ni muchísimo menos, pero sí hacia las personas que han creado esta situación. Aquellos turistas que se llenan los bolsillos de caramelos, bolígrafos y monedas para dar a los niños en busca de no sé qué. Compran sonrisas, o compran fotos que luego enseñarán en su hogar, a sus familiares de barrigas llenas y pieles rosadas. Me recuerdan a la mafia, que siempre es generosa sobornando a sus allegados con regalos para tenerlos contentos, para comprar su lealtad. Es una cultura demencial, que crea tendencias cuyo riesgo resulta difícil de calibrar.

Me da pena porque en cierta medida sientes que les robas su dignidad. Ellos estoy seguro que antes no eran así, no acudían al tubab (wolof), tubabo (mandinga), tubabu (bambara) o tubaco (fulah) en busca de presentes, rogando que los que tienen den a los que no. Casi siempre son los niños, pero también lo hemos visto en adultos y mujeres. En un anciano jamás. Incluso aunque no pares los niños se abalanzan sobre el coche, gritando con toda su alma por un cadeau que yo no les daré.

Pido a los que vengan a estos países, y esto es una reflexión personal, que si quieren ayudar a estos niños le den los bolígrafos a las escuelas, y el dinero a aquellas organizaciones que luchan cada día por darles un futuro mejor. Los caramelos mejor se los guardan. Mejor un saco de arroz. Quizás así no consigan esa sonrisa, o esa foto, pero no les meterán la costumbre de mendigar. Y si realmente quieren ayudar, entonces exijan a su gobierno occidental que no esquilme los recursos de estos países, y que sus productos puedan acceder al mercado internacional en unas condiciones justas. Acaben con la Organización Mundial del Comercio, o con el Banco Mundial. Juntémonos todos y saquemos el dinero de nuestras cuentas de bancos todos a la vez. Quizás así podamos cambiar algunas cosas. La lucha está en nuestras propias casas, en nuestros propios barrios, en nuestros propios países. Aquí lo que debemos hacer es dejarles en paz (por ejemplo no vendiendo armas a los señores de la guerra, o  permitiendo que vengan a los lugares donde pueden trabajar sin trabas). Como bien decía Eduardo Galeano en el documental “Voces contra la Globalización”, los cinco países que deciden la guerra (los cinco con capacidad de veto en la ONU: EEUU, Rusia, Gran Bretaña, Francia y China) son los cinco mayores exportadores de armas del mundo. Aquellos que hacen el negocio de la guerra deciden qué guerra es legal. Pero no nos engañemos, porque ni las personas pueden ser “ilegales” ni las guerras “legales”. Lo que sí pueden ser las personas son hipócritas, y las guerras siempre serán un fracaso de toda la humanidad.  

La llegada a Malí (y la salida de Yeray)

El camino de Tambacounda hasta Kidira resultó un rápido paseo de apenas dos horas de duración. Casi no podíamos creer que en ese tiempo fuéramos capaces de recorrer 150 kilómetos. La frontera de Kidira resultó sorprendentemente fácil de superar. Si fuese por la policía y los militares hubiésemos pasado sin pasaportes ni seguro. De hecho fuimos nosotros los que tuvimos que buscar la aduana y el puesto de control, ya que no están ni siquiera señalizados. La única nota desagradable es que en Kidira no se puede obtener el seguro del coche para Malí y la única alternativa (aparte de volver a Dakar) era sacarlo en Kayes, recorriendo de esta manera unos 80 km sin los papeles en regla. El mismo policía que nos selló los pasaportes nos dejó caer que probablemente tuviéramos que sobornar a la gendarmería si nos paraban en algún control. Al final no tuvimos ningún problema en llegar hasta allí. De hecho, durante toda nuestra estancia en el país no nos paró la policía ni una sóla vez. En este aspecto la cosa es muy diferente al resto de países por lo que hemos pasado, y tal vez uno de los motivos por los que tanto nos ha gustado Malí.

Kayes es una ciudad al borde del río Senegal que parece un pequeño pueblo bastante destartalado y es, además, una de las zonas más calurosas del país. Después de comer en un pequeño puesto en la calle (posible foco de infección de nuestro evacuado compañero) realizamos los trámites del seguro y partimos en busca de un buen lugar para dormir. Los precios y la calidad de las habitaciones nos empujaron a continuar el camino y dejar atrás la que fue antaño capital de Malí. Continuamos por la ruta del norte (en un principio pensábamos ir por el sur pero nos equivocamos de carretera y no nos dimos cuenta hasta que llevábamos unos cuantos kilómetros de marcha). Este pequeño error de cálculo fue realmente un gran acierto, ya que la carretera del sur, como comprobarán más adelante, resulta ser una ruta exclusiva para 4×4, muy dura, pero a la vez muy gratificante, por los paisajes y los pueblos por los que pasa. Si Yeray hubiese caído enfermo durante este trayecto lo hubiera pasado muy mal, ya que es imposible llegar a Bamako en menos de dos días por este camino.

Antes de que se pusisese el sol encontramos un buen lugar para acampar, apartado de la carretera y con unas vistas preciosas, pero donde pasamos la que hasta ahora ha sido la noche más calurosa de todo el viaje. Desde entonces, Yeray y Tony se quedaron con esta frase: “aquí no se mea, se suda”.

Al día siguiente nos levantamos temprano (antes del amanecer) y partimos hacia Bamako, donde a las cuatro de la tarde pudimos cruzar el río Níger por primera vez. Atravesamos la ciudad en dirección este hasta el albergue Kangaba, lugar del que teníamos referencias (coordenadas incluidas) gracias a un cartel que habíamos visto en Dakhla (Sáhara Occidental). Al atardecer fuimos a dar un paseo y ya de noche Yeray empezó a sentirse mal.

Dos días después lo dejamos en el aeropuerto de Bamako rumbo a Dakar, donde esperábamos (ilusos) que pudiera coger un avión esa misma noche a Las Palmas. La vuelta al campamento fue extraña. El feroza cargaba sólo con dos de nosotros. El viaje ya no iba a ser el mismo. Te echamos de menos.

Mi pequeña Odisea (Por Yeray)

Después de la cena del día de llegada a Bamako, capital de Malí, comenzó el final de mi viaje por tierras africanas. Me desperté a la una de la madrugada con 38.4°C de temperatura corporal (interna 38.9°C). Me había subido en apenas 3horas de sueño. Cuando intentaba salir de nuestra acogedora cabaña maliense para refrescarme, a esas horas de la noche rondaba los 30°C, mis dos compis se despertaron. Rápidamente me tomaron la temperatura y quedándose bastante acojonados por el peligro inminente de malaria me ayudaron a pasar el mal trago. Se sucedieron diarreas y sobretodo un mal cuerpo muy desagradable. A la mañana siguiente la temperatura comenzó a bajar después de un chute de paracetamol. Pero las sospechas se hacían latentes y sólo después de la llamada a una amiga de Medicos del Mundo en Saint Louis (gracias Sandra) supimos donde acudir en la capital del cuarto país más pobre del mundo. Rápidamente llegamos a un hospital para gente adinerada y expatriados que trabajan en la cooperacion internacional, es decir para blancos y para ricos. Despues de 40 minutos de viaje en coche a casi 40°C, mi presión arterial estaba en 9/6 y la fiebre en 38.9°C; para los profanos de las medicina: me estaba muriendo. Y casi me desmayo en la recepcion del hospital. Allhamdoullillah me ingresaron inmediatamente en una habitación para mí sólo, con aire acondicionado y televisión (ni yo me lo creia), aunque eso sí, lleno de mosquitos cargaditos de malaria. Después de una buena entubada; pruebas de sangre y heces, y algún vómito que otro me empecé a recuperar. Por fin llegaron los resultados de los análisis y… no tengo malaria ni ninguna super-enfermedad tropical de esas que son muy malas; aunque eso sí, tengo una infección bacteriana potente adivinen donde… sí, han acertado: en el sistema digestivo. Ya puedo avisar a mi familia para informarles y “tranquilizarles” de que no sufro nada verdaderamente grave.

Tengo dos opciones: volver a cruzar la frontera senegalesa pasando por Kayes con temperaturas que rondan los 45°C dentro de un coche petadisimo durante 8 o 9 horas al dia y 8 jornadas de viaje con posibles recaidas de fiebre, o asumir que mi viaje estaba acabado y volver en avión a casa. Evidentemente, y con mi familia muy preocupada en España, elegí la opción más prudente.

Iluso de mí creía que sería una solución cómoda. No esperé a que el médico me diera el alta y a la mañana siguiente salimos de ese foco de infecciones cagando lech… hacia el aeropuerto, con el consentimiento del doctor, claro está. Pero en mi supuesta vía rápida de escape me esperaban recaídas de fiebre, retrasos en aeropuertos africanos, un calor insoportable, estafadores haciéndose pasar por empleados del aeropuerto, agencias falsas de viajes, soledad y todo eso haciendo una escala en Dakar y sin billete para Las Palmas. Por suerte mi padre estaba siempre al otro lado del teléfono ayudándome en todo momento, con las gestiones de los billetes, que fue otra pequeña aventura, y sobre todo dandome animo y apoyo; cuando estas sólo y con perdón “tan jodido” eso te ayuda muchísimo. GRACIAS PADRE POR ESTAR AHÍ. Y GRACIAS TAMBIÉN A TI MADRE POR HABERME PARIDO.

A mi llegada a Dakar y después de un intento frustrado de timo que consistía en la compra de un billete falso a Canarias con idas y venidas en comunitere, en taxi autoctono (sept-place) y a pie, me puse en contacto con Moctar, El Salvador. Siento pedir prestado ese título a Jesús, pero es exactamente lo se merecía ese hombre, que junto a Madeleine me diero protección y cobijo cuando más lo necesitaba. Un pequeño descanso de media hora en su casa e intentamos salir en el vuelo de ese mismo dia, viernes, a Las Palmas. Pero fue imposible había que esperar probablemente hasta el lunes, pero que más da, podía desplomarme ahi mismo de cansancio, que estaba en buenas manos.

Gracias a Moctar y Madeleine, y Ada, primo de Moctar, que sin conocerme no dudo en ir al aeropuero y mover todos sus contactos. Esta gente no duda un instante el prestarse ayuda cuando es necesario. Quien tiene un amigo tiene todos los tesoros del mundo, el dinero se puede acabar pero los amigos estarán a tu servicio y tú al de ellos. Ese provervio no se me va a olvidar en la vida y les pido a todos que cuiden los unos de los otros que es lo único que tenemos en esta vida, la familia y los amigos, y por favor no se preocupen por el asqueroso dinero que unas veces va y otras viene. Lo triste es que tengamos que pasarlo mal para darnos cuenta. Gracias tambien a Tony y Pablo que me ayudaron tanto y demostraron ser verdaderos amigos cuando se presentó la ocasion. A los respectivos papás: estén orgullosos de ellos. Les deseo lo mejor para el regreso. Desandar el camino recorrido y reencontrarse con los amigos que hicimos durante el viaje. Que envidia!

Esta noche “In sha Allah” (Si Dios quiere) partiré desde el continente a Madrid para hacer una pequeña escala de dos horas y regresar a África, pero esta vez a mi África, a mis islas, a mi hogar. Porque uno siempre tiene un hogar, real o imaginario y a mí me toca esta vez volver a casa. Permítanme, salvando las enormes distancias que me separan de mi compadre Ulises, titular esta historia todavia sin final “Mi pequeña Odisea”.

Por otra parte enfatizar la triste ausencia de nuestro querido amigo Rubén, que no pudo acompañarnos, y que con su presencia, estoy seguro, hubiera enriquecido con creces este gran viaje. A todos los que nos han seguido por este blog/diario, o lo que sea. A la familia, amigos y los que todavia no lo son, agradecer su fidelidad y apoyo incondicional que he sentido detrás de cada letra, de cada comentario. Y espero que hayamos podido transmitirles aunque, sólo haya sido un poquito, los olores de este gran continente lleno de secretos aún por descubrir, secretos para el corazón y para la felicidad.

Pablo y Tony seguiran compartiendo sus aventuras con nosotros y a ellos les digo !!!ÁNIMO COMPAÑEROS SIGAN ADELANTE!!! Yo estaré con ustedes. No en cuerpo pero sí en alma. Y ánimo a todo el que quieran cumplir sus sueños, sean los que sean. No seas tonto sólo se vive una vez. Se fuerte y da ese paso que te separa del vacío, una vez que estés en el aire caerás por tu propio peso. Puede que el camino no sea fácil, pero sólo una cosa es segura !NO TE ARREPENTIRÁS!

NOS VEMOS PRONTO AMIGOSSSSSSSSSSSSSSSSSSS!!!!!!!!!

El fin de la crísis energética

Esta noche, cuando salíamos a cenar un shawarma al centro de Tambacounda, pasamos por una de las muchas gasolineras de la “ciudad” y sorpresa: había llegado la gasolina super. Tardamos unos segundos en asimilar la respuesta del empleado porque ya teníamos la idea de pasar dos o tres días de espera. Llenamos el tanque y fuimos a por los depósitos que se habían quedado en el camping. Los shawarmas supieron como nunca y la alegría volvió tras un largo día de calor saheliano. Mañana temprano saldremos en dirección a Kidira, frontera con Malí, para intentar alcanzar Kayes. Si allí no encontramos gasolina volveremos a Senegal, pero si conseguimos combustible intentaremos llegar a Bamako. Los amos del petróleo, para variar, decidirán por nosotros.

La atención médica en Colibantang (por Pablo)

El otro día, en Colibantang, Ibrahima se empeñó en regalarnos unas pulseras de metal con nuestros nombres inscritos. Para ello fuimos a la casa de un herrero muy cerca de donde nos estabamos quedando. Cuando entramos y comenzamos el protocolario saludo a todo el mundo nos quedamos atónitos viendo el brazo completamente quemado de una niña que no tendría más de tres años. Desde el codo hasta los dedos la quemada, una de las más feas que he visto en mi vida, mostraba la carne completamente chamuscada, y en los bordes se veían las manchas de pus que rodeaban la herida. Estaba llena de tierra y porquería, aunque debo reconocer que la niña no se quejaba. Nos contaron que hacía cinco días que tenía el brazo así, y aunque no pregunté, creo que fue porque cayó sobre las brasas que utilizan para trabajar el metal.

Sé que no tengo conocimientos para saber qué se debía hacer. Me dijeron que no existe centro de salud en el pueblo, y que el más cercano está a tres kilómetros de distancia. Días después nos enteraríamos que aquí sí te atienden gratuitamente, pero los medicamentos, en el caso de que los haya, lo pagas de tu propio bolsillo. Pudimos visitar el centro médico de Maka, y debo reconocer que estaba bien; había personal médico e incluso tuvimos la suerte de ver a un recién nacido. Aunque por una parte sabíamos que poco podíamos hacer no pudimos evitar acudir a nuestro propio botiquín para limpiar la herida, desinfectarla y aplicar una pomada para quemaduras graves. Durante el siguiente día acudimos en tres ocasiones para realizar las curas, pero sinceramente, creo que ya era demasiado tarde para evitar la infección. Ahí se quedó la niña, no sabemos que suerte correrá. Por supuesto nos pidieron medicamentos (que no les dimos) y desde entonces varias personas acudieron a nosotros en busca de atención pero sobretodo de medicamentos (comprimidos). Un viejo con artritis, una niña con una herida bastante bien cerrada en la pierna e incluso una niña pequeña que sangraba por los genitales. Les explicamos que no eramos médicos ni enfermeros, y que no sabíamos qué hacer.

De esta experiencia me quedan varias sensaciones bastante contradictorias. Por un lado me parece horrible que la vieja ambulancia que hay en Maka (el pueblo con centro médico situado a 3 kilómetros) no se desplace hasta aquí para poder realizar las pertinentes curas que esa niña requería. Por otro lado no entiendo porqué no llevan a la niña en brazos hasta ahí. Son sólo 30 minutos de camino, y en el pueblo hay carros de caballos e incluso he visto alguna moto. No comprendo porqué no se organizan entre ellos para mejorar las condiciones de vida, en vez de esperar ayuda externa, ya sea gubernamental o de cooperación internacional. Nos pidieron que denunciáramos la situación del pueblo a ver si alguna organización de ayuda al desarrollo se interesaba y montaba un centro médico. También siento que contínuamente se quejan de la falta de medios como el principal problema, pero muchas veces no denuncian con la misma intensidad la falta de formación, por ejemplo, en el uso responsable de los medicamentos. No es culpa de ellos, pero los pocos que sí tienen formación podrían organizarse y compartir esos conocimientos para mejorar las condiciones de vida de los que viven aquí. Todos quieren medicamentos, estén enfermos o no. Podíamos haberles dejado lo que quedada de la pomada para quemaduras, pero sinceramente, no sabíamos qué uso le darían.

Esperamos de corazón que la niña pueda salir adelante, aunque creo que si tiene una infección necesitará antibióticos, y no se los van a dar. Ojalá sea lo suficientemente fuerte como para superar una situación así.

El viaje que estábamos buscando

Son las 8 y media de la tarde. Estamos en un camping de las afueras de Tambacounda. Pablo está dumiendo en una de las casetas y Yeray se ha ido al pueblo con Ibrahima Ly, la persona que nos ha enseñado el verdadero Senegal estos últimos días y que conocimos por casualidad en Saint Louis. Aprovecho la conexión del albergue para escribir unas palabras.

Por desgracia no podré transmitir todo lo que hemos vivido desde que salimos de Dakar, ya que han sido sin duda alguna los días más intensos del viaje, pero intentaré dar unas pinceladas a continuación:

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La ruta Dakar-Colibantang duró 12 horas. Hasta Kaolak, más o menos la mitad del recorrido, fueron 4. El resto, hasta Koussanar, fue un auténtico infierno de asfalto destrozado y calor saheliano contundente, aire seco y recalentado que sopla desde el interior del continente, conocido aquí como harmatan. Después, 35km de tierra en plena noche que se convirtieron en un paseo entre algodones tras la tortura vivida durante la tarde.

Ibrahima-LyEn Colibantang nos recibió la familia de Ibrahima con un plato de couscous de mijo con albóndigas de pescado y agua fresca al más puro estilo senegalés. Todos comiendo del mismo plato en el suelo, nosotros con cuchara y los demás con la mano. En el pueblo sólo un par de casas tienen electricidad, entre ellas la de Ibrahima. Alrededor del fluorescente que tiene en la puerta de su habitación (de adobe y paja, como casi todas las casas del pueblo) se reunen varias familias que comparten la comida con nosotros. La gente nos saluda muy amablemente y se ríen entre ellos.

Los habitantes del pueblo pertenecen a la etnia mandingo, que vinieron de Malí hace 500 años según ellos mismos, por lo que nuestras cuatro frases en wolof no sirven de nada aquí. Algunos hablan algo de francés, pero los gestos y sobre todo las sonrisas hacen que la noche sea, a pesar del agotamiento del viaje, muy placentera.

Pronto nos traen dos camas y un par de colchones y los sitúan entre las cuatro casas donde vive la familia de Ibrahima. El calor acumulado en el interior de las viviendas durante el día hace que mucha gente duerma en la calle, al lado de las cabras y los burros. Hasta que no hacemos ademán de echarnos a dormir, la gente nos mira sonriente, como toubabos (blancos, en mandingo) que somos. Cuando se marchan, el pueblo queda a oscuras y nosotros, junto al hospitalario Ibrahima, nos quedamos mirando las estrellas sin apenas fuerzas para hablar. Éste era el viaje que estábamos buscando.

Mañana sigo con más detalle porque estoy bastante cansado, pero por ahora les adelanto que hemos sido muy afortunados conociendo lugares donde la hospitalidad es la normadsc_6224.jpg número uno. Hemos comido y bebido hasta saciarnos en pueblos muy pobres de cuatro o cinco familias donde los niños nos miraban como si fuéramos extraterrestres y donde nos recibían con bailes y percusión. Hemos hablado con los jefes de varios pueblos y no se rían, nos han abanicado mientras tanto… Estos cuatro días han sido como un sueño, como una historia para dormir cuando eramos pequeños. El viaje hace tiempo que mereció la pena, pero estos días quedarán para siempre.

Las malas noticias son que estamos en Tambacounda a la espera de que llegue gasolina súper en los próximos días para poder continuar. Entraremos en Malí, eso seguro. Pero si el combustible escasea no podremos adentrarnos tanto como quisiéramos. Desde luego, alternativas tenemos, de eso no nos cabe duda.
Por este motivo podría titular el post “atrapados en Tambacounda”, pero creo que lo que he puesto resume un poco mejor nuestras últimas vivencias.

Les queremos. Mañana más.

Despedida temporal

Mañana temprano (en realidad hoy, que ya es de madrugada) partimos hacia el interior de Senegal en dirección a Malí. No creo que podamos disponer de conexión a Internet tan fácilmente como hasta ahora, pero intentaremos mantener el contacto lo más a menudo posible. Por lo tanto, no nos queda otra que despedirnos temporalmente de ustedes. Un abrazo fuerte y muchos besos. Gracias por los mensajes de ánimo y esperamos poder contarles nuevas historias pronto.

Reflexiones de mi viaje por parte del África Occidental (por Pablo)

Mañana abandonamos Dakar. Quisiera aprovechar estos últimos momentos con acceso a Internet para reflexionar un poco sobre cómo me siento ahora que ya estoy adaptado a la dinámica del viaje. Todavía recuerdo con cariño cuando decidí apuntarme a una idea original de Rubén y Tony, que en un principio consistia en recorrer Marruecos en un coche todoterreno. Después se apuntaron Humberto y Yeray, pero circunstancias de la vida hicieron que yo ocupara el puesto de Humberto, y justo al final, cuando ya acariciábamos la salida, Rubén no nos pudo seguir. No conozco a Rubén desde hace demasiado tiempo, pero siento una profunda y sincera pena por no poder compartir este viaje con él. Es una muy buena persona, y esa es la cualidad que más aprecio de la gente. Con él este viaje hubiera sido todavia mejor, pero también tenemos que aprender a aceptar las dificultades de la vida y a asumir nuestras propias limitaciones. Al menos lo intentamos hasta el final, y aunque no estés en persona siempre te llevamos en nuestro recuerdo y en nuestro corazón.

Si mal no recuerdo fue una tarde en La Pedriza, una formación rocosa cerca de Madrid. Tony me contó la idea y en ese mismo instante supe que no podía desaprovechar la oportunidad. Mucho ha llovido desde entonces, y ahora, tras más de un año de esfuerzo e inversión, por fin cumplí mi objetivo; ya estoy aquí.

Está siendo un viaje muy dinámico. Ya había estado dos veces en Marruecos y una en Senegal. La verdad es que esos viajes me sirvieron para venir bastante mentalizado. En el fondo Senegal me está mostrando las mismas sensaciones que tuve el año pasado, las mismas reflexiones. Aquí aprendí que la vida se mira con otra óptica en muchos sentidos. Uno de los aspectos que más me llamó la atención fue la distinta manera de percibir la estructura social. Me explico: donde yo nací tendemos a considerar al niño como un ser inocente al que tapamos los ojos de la dura realidad y lo mantenemos entre algodones hasta que, hartos de tantas mentiras, acaban revelándose y descubriendo el mundo por sí mismos (es una de las razones por las que estoy aquí). Al adulto lo exaltamos como cénit de la vida, dándole todas las responsabilidades y juzgando todas sus acciones. Al anciano, directamente, se le desprecia, porque son vistos como señal de decadencia. Aquí las cosas son distintas. Los ancianos son considerados como personas sabias y fuertes (han sido capaces de sobrevivir en condiciones bastante duras), y se tiene en cuenta su opinión. Los adultos mantienen el ritmo de la vida, pero escuchan a sus mayores y no suelen tomar decisiones sin su consejo. Los niños, por otro lado, carecen de experiencia, y por tanto ocupan el último escalón de la escala social. Esto se ve cada día en la calle, en las casas y en los bordes de las carreteras. Pero no todo es negativo; a diferencia de nosotros, ellos los consideran personas y les otorgan responsabilidades. Si tienes cuatro años lo más probable es que tengas que cuidar de tus hermanos menores, lleves la tetera al abuelo o directamente salgas a la calle con el fin de traer algo de dinero a casa.

El Sáhara Occidental me mostró la cara amable de un pueblo encantador, y también una tierra árida y hermosa, sin elevaciones dignas de mencion, que lucha cada día con la melancolía de saber que no hay victoria, que no se van a ir. Estoy ansioso por volver para seguir aprendiendo de la tierra en la que vivieron mis abuelos, y donde mi madre paso los primeros años de su vida. También me queda el recelo de conocer el oeste del país, pero un reino y un pueblo enfrentados me impiden cruzar hasta allí. Hay, además de rifles, minas y soldados, un muro de roca y tierra que cruza de norte a sur. Lo vimos con nuestros propios ojos, un muralla más. Recuerdo las más famosas: Palestina, EEUU, las dos Coreas. Pero claro, no todas las murallas son de cemento o roca. Algunas son un mar repleto de patrulleras y helicópteros. Sólo tengo que mirar hacia el oeste, entre mi casa y el suelo que acabo de pisar.

Mauritania me mostro como se expolian los recursos naturales de un pueblo pobre. Si lo quieren ver con sus propios ojos no dejen de visitar Nouadibou. Dentro de poco ya no quedará pescado, y si tengo la oportunidad de volver podré ver qué pasa. Imagino que españoles si habrán, en la medida que consigan hacer rentables los tour-operadores que se abalanzan sobre la region. Pero las flotas, los grandes barcos rusos, chinos, españoles, etc, esos se irán. Sólo estuve en Nouadibou, Nouakchott y Rosso, así que tampoco puedo hablar con propiedad. Espero en un futuro poder visitar el interior del pais, ese que sólo pude imaginar mirando el impresionante mar de dunas que cruzamos en direccion sur.

Todavía me queda la mitad del viaje. Queda Malí y el interior de Senegal. Queda volver a andar el camino andado, queda regresar. De todas las sensaciones que recorren mi mente en estos días hay una que sobresale de las demás. Me gusta descubrir mundo, pero sobretodo quiero compartir ese camino con las personas que más quiero (espero que ellas sepan quienes son). Son mis pilares, por más que a veces, por arrogancia, me intente engañar. Sin ellos yo no me veo cruzando mares, desiertos o rios; ellos siempre serán mi verdadero hogar.

Evolución, no revolución (Por Yeray)

Día 28 de nuestra aventura. Hemos cruzado el ecuador del viaje. Recorremos mucha distancia y muchos paises para estar solo dos meses. No conseguiremos estar en todas partes, pero eso ya lo sabíamos desde el principio. Está saliendo como nos gusta; las paradas son pocas pero intensas. Es así como se conoce un lugar, la comida, los paisajes y sobretodo da tiempo de ahondar en sus gentes. No vamos a toda prisa, esa era la intención al principio pero África nos dio un par de bofetadas y nos puso en nuestro sitio. Ella marcó el ritmo. Ahora, con más calma, parece que la respetamos más. La tratamos como la mujer que es. Ya sabemos que no vamos a desentrañar ni un uno por ciento de sus secretos, aunque esa pequeña cantidad sea demasiado para nosotros. Eso te deja entrever lo infinito del conocimiento universal y como humanos que somos lo limitados que estamos.

Pretender comprender todo sería un atrevimiento, una batalla perdida sin haberla comenzado. Quedémonos con lo que podamos asimilar y sintámonos afortunados. Sí, África es femenina, porque dió la vida. Es ella como Europa, América, Asia, Oceanía, o la Antártida. El mar no es masculino, es también ella, ¿y quién es más fecunda que la mar?. Como dijo Hemingway “La mar la llaman los que la aman”.

Sí, somos hijos rebeldes. Nos volvemos desagradecidos cuando perdemos el apego a nuestra Tierra. Es decir cuando ya no dependemos de las estaciones o cuando canalizamos el agua a nuestro antojo. Monstruos en la caverna de Platón cegados por nuestra tecnología. Entonces perdemos la perspectiva de lo real, del funcionamiento de la naturaleza. Ante el desastre ecológico escondemos la cabeza como avestruces. Pero el peligro avanza. Y todos lo sabemos; algunos en el fondo de su ser, secretamente, otros concienciados hasta la médula. Basta ya de concienciación, ya es hora de pasar a la acción. Todavía no es tarde, esa no es la excusa. Como antes nos ha sorprendido con su capacidad regenerativa, de amortiguar los desequilibrios. Lo seguirá haciendo. Sólo tenemos que darle un respiro. En nuestra casa, en nuestra playa, en nuestra ciudad. Cambios desde los niveles más pequeños, que son los que nosotros, los ciudadanos, podemos controlar. Porque aunque creamos que no somos nadie, todos los habitantes de la tierra, incluso los líderes mundiales, son ciudadanos. Por eso somos muchos, más que nadie. Esas mejoras irán ascendiendo en la jerarquía de la sociedad como en un castillo de naipes. La primera fila tiene que consolidarse para pasar a la segunda. Se empieza desde abajo. Haremos lo que esté en nuestra mano, que no es poco; y lenta pero imparablemente exigiremos a los que están un poco, sólo un poco más arriba, que hagan lo propio. Los alcaldes, los diputados, los presidentes y sobre todo los directivos de las grandes empresas. Se lo ordenamos, con el poder que nos confiere el voto pero sobretodo con el que nos otorga el conocimiento. Saber que si todos ponemos un poco de nuestra parte, con acciones aparentemente insignificantes, pronto pasaremos a la segunda fase. La consciencia de nuestro poder para hacer pequeños cambios es lo que nos hará fuertes. Así peligrará su poder y sus mandatos. Nos hacen creer que vivimos en el único mundo posible, su mundo. Pero nos temen. Si no, no gastarían esas ingentes cantidades de dinero en hacernos creer que las cosas son estáticas. No podemos dejar en sus manos algo que primero concierne a nosotros mismos como hijos de nuestra madre tierra. Le debemos ese respeto y ese agradecimiento.

Debemos mejorar las cosas desde desde la base y no pretender que lo hagan ellos por nosotros. Sacar la cabeza del agujero y entender que el camino más largo comienza por el primer paso. No con grandes revoluciones sino con la de nosotros mismos. Confiemos en nuestro poder, el poder del conocimiento.

Niños (por tony)

De la basura, juguetes,
de las sobras, el almuerzo…

Por todas partes niños riendo,
niños que juegan
y corren descalzos.
Por todas partes niños pidiendo,
niños trabajando,
niños cuidando de otros niños.
Por todas partes niños riendo,
niños llorando,
niños durmiendo a cielo abierto.
Por todas partes niños sin madre,
niños sin padre,
niños hambrientos.
Por todas partes niños sin quejas,
niños felices,
niños contentos.
Por todas partes niños riendo.

Atrapados en Dakar

Segundas partes nunca fueron buenas… pero es lo que hay.

img_4915.jpgHoy por la mañana hemos recogido los visados para Malí, que no han tardado en entregarnos. Esperábamos que ho