Reflexiones de mi viaje por parte del África Occidental (por Pablo)

Mañana abandonamos Dakar. Quisiera aprovechar estos últimos momentos con acceso a Internet para reflexionar un poco sobre cómo me siento ahora que ya estoy adaptado a la dinámica del viaje. Todavía recuerdo con cariño cuando decidí apuntarme a una idea original de Rubén y Tony, que en un principio consistia en recorrer Marruecos en un coche todoterreno. Después se apuntaron Humberto y Yeray, pero circunstancias de la vida hicieron que yo ocupara el puesto de Humberto, y justo al final, cuando ya acariciábamos la salida, Rubén no nos pudo seguir. No conozco a Rubén desde hace demasiado tiempo, pero siento una profunda y sincera pena por no poder compartir este viaje con él. Es una muy buena persona, y esa es la cualidad que más aprecio de la gente. Con él este viaje hubiera sido todavia mejor, pero también tenemos que aprender a aceptar las dificultades de la vida y a asumir nuestras propias limitaciones. Al menos lo intentamos hasta el final, y aunque no estés en persona siempre te llevamos en nuestro recuerdo y en nuestro corazón.

Si mal no recuerdo fue una tarde en La Pedriza, una formación rocosa cerca de Madrid. Tony me contó la idea y en ese mismo instante supe que no podía desaprovechar la oportunidad. Mucho ha llovido desde entonces, y ahora, tras más de un año de esfuerzo e inversión, por fin cumplí mi objetivo; ya estoy aquí.

Está siendo un viaje muy dinámico. Ya había estado dos veces en Marruecos y una en Senegal. La verdad es que esos viajes me sirvieron para venir bastante mentalizado. En el fondo Senegal me está mostrando las mismas sensaciones que tuve el año pasado, las mismas reflexiones. Aquí aprendí que la vida se mira con otra óptica en muchos sentidos. Uno de los aspectos que más me llamó la atención fue la distinta manera de percibir la estructura social. Me explico: donde yo nací tendemos a considerar al niño como un ser inocente al que tapamos los ojos de la dura realidad y lo mantenemos entre algodones hasta que, hartos de tantas mentiras, acaban revelándose y descubriendo el mundo por sí mismos (es una de las razones por las que estoy aquí). Al adulto lo exaltamos como cénit de la vida, dándole todas las responsabilidades y juzgando todas sus acciones. Al anciano, directamente, se le desprecia, porque son vistos como señal de decadencia. Aquí las cosas son distintas. Los ancianos son considerados como personas sabias y fuertes (han sido capaces de sobrevivir en condiciones bastante duras), y se tiene en cuenta su opinión. Los adultos mantienen el ritmo de la vida, pero escuchan a sus mayores y no suelen tomar decisiones sin su consejo. Los niños, por otro lado, carecen de experiencia, y por tanto ocupan el último escalón de la escala social. Esto se ve cada día en la calle, en las casas y en los bordes de las carreteras. Pero no todo es negativo; a diferencia de nosotros, ellos los consideran personas y les otorgan responsabilidades. Si tienes cuatro años lo más probable es que tengas que cuidar de tus hermanos menores, lleves la tetera al abuelo o directamente salgas a la calle con el fin de traer algo de dinero a casa.

El Sáhara Occidental me mostró la cara amable de un pueblo encantador, y también una tierra árida y hermosa, sin elevaciones dignas de mencion, que lucha cada día con la melancolía de saber que no hay victoria, que no se van a ir. Estoy ansioso por volver para seguir aprendiendo de la tierra en la que vivieron mis abuelos, y donde mi madre paso los primeros años de su vida. También me queda el recelo de conocer el oeste del país, pero un reino y un pueblo enfrentados me impiden cruzar hasta allí. Hay, además de rifles, minas y soldados, un muro de roca y tierra que cruza de norte a sur. Lo vimos con nuestros propios ojos, un muralla más. Recuerdo las más famosas: Palestina, EEUU, las dos Coreas. Pero claro, no todas las murallas son de cemento o roca. Algunas son un mar repleto de patrulleras y helicópteros. Sólo tengo que mirar hacia el oeste, entre mi casa y el suelo que acabo de pisar.

Mauritania me mostro como se expolian los recursos naturales de un pueblo pobre. Si lo quieren ver con sus propios ojos no dejen de visitar Nouadibou. Dentro de poco ya no quedará pescado, y si tengo la oportunidad de volver podré ver qué pasa. Imagino que españoles si habrán, en la medida que consigan hacer rentables los tour-operadores que se abalanzan sobre la region. Pero las flotas, los grandes barcos rusos, chinos, españoles, etc, esos se irán. Sólo estuve en Nouadibou, Nouakchott y Rosso, así que tampoco puedo hablar con propiedad. Espero en un futuro poder visitar el interior del pais, ese que sólo pude imaginar mirando el impresionante mar de dunas que cruzamos en direccion sur.

Todavía me queda la mitad del viaje. Queda Malí y el interior de Senegal. Queda volver a andar el camino andado, queda regresar. De todas las sensaciones que recorren mi mente en estos días hay una que sobresale de las demás. Me gusta descubrir mundo, pero sobretodo quiero compartir ese camino con las personas que más quiero (espero que ellas sepan quienes son). Son mis pilares, por más que a veces, por arrogancia, me intente engañar. Sin ellos yo no me veo cruzando mares, desiertos o rios; ellos siempre serán mi verdadero hogar.

3 Respuestas a “Reflexiones de mi viaje por parte del África Occidental (por Pablo)”


  1. 1 maria jose Marzo 29, 2008 a las 8:12 pm

    ¡ Gracias , Pablo , por mencionar a Rubén y en la forma que lo haces.Si, es cierto que es una muy buena persona, dices conocerle desde hace poco tiempo.Si fuera de muchos años, no cambiarías tampoco de opinión.Nos dice tu patrono Pablo que al final cuenta la fe , la esperanza pero lo más excelso es siempre el amor (1Cor.13 si mal no recuerdo) y S.Juan de la Cruz lo retoma como que al final de la vida sólo nos van a examinar del amor: Eso es Rubén,todo generosidad,siempre puedes contar con él; en la medida en que pueda ayudar,así será. Tony sabe mucho de eso.Seguimos vuestro viaje cuando nos enteramos ya algo avanzados y procuramos ver con vuestros ojos e intuir lo que quieren transmitirnos. Les deseamos que disfruten este viaje como lo reflejan vuestros escritos,magníficos en sus reflexiones los tres y que regresen más sabios y mejores si cabe.Agustín y Josefina.

  2. 2 Jordán Marzo 30, 2008 a las 1:12 am

    Mil gracias a los tres por compartir este increíble viaje de niños, con niños y para niños.
    Parece que ayuda irse lejos de casa para encontrar partes de uno mismo que se perdieron con el tiempo.¿Se perdieron o nos las quitaron?, ¿nos las quitaron o las abandonamos a cambio de cerrar los ojos y dar la espalda a nuestros hermanos?
    En cualquier caso ustedes ni han cerrado los ojos ni han dado la espalda y eso, señores míos, resulta inspirador. Lo suficiente para que otros nos animemos a abrir los ojos y a no volver a dar la espalda.

    Besos y suerte.

  3. 3 Alejandro Esplá Abril 4, 2008 a las 12:33 am

    Ánimo querido Pablo, y gracias por brindarnos a todos el magnífico regalo que supone compartir con ustedes este viaje. Saben que no están solos, por aquí la gente habla mucho de ustedes y recelosos decimos mirandonos a los ojos -los hijos de puta eh?- cariñosamente por supuesto, queriéndonos imaginar lo que estarán viviendo. Yo a la próxima me apunto, en definitiva.

    Un abrazo enorme. Yeray, haz que tus gestos y miradas de buena fe y buen rollo pasen las fronteras de los países como un pájaro que vuela sin que nadie lo detenga. Tony, mantén tu mente clara y condúcelos con tu cautela y reflexión hacia buen destino, con mano férrea de capitán. Pablo, sé como eres y que tu crítica siempre les acompañe, seguro que pones ese punto de pimienta que tanto da sabor al periplo.

    Mil besos señores, que Alá les acompañe.

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