Son las 8 y media de la tarde. Estamos en un camping de las afueras de Tambacounda. Pablo está dumiendo en una de las casetas y Yeray se ha ido al pueblo con Ibrahima Ly, la persona que nos ha enseñado el verdadero Senegal estos últimos días y que conocimos por casualidad en Saint Louis. Aprovecho la conexión del albergue para escribir unas palabras.
Por desgracia no podré transmitir todo lo que hemos vivido desde que salimos de Dakar, ya que han sido sin duda alguna los días más intensos del viaje, pero intentaré dar unas pinceladas a continuación:
La ruta Dakar-Colibantang duró 12 horas. Hasta Kaolak, más o menos la mitad del recorrido, fueron 4. El resto, hasta Koussanar, fue un auténtico infierno de asfalto destrozado y calor saheliano contundente, aire seco y recalentado que sopla desde el interior del continente, conocido aquí como harmatan. Después, 35km de tierra en plena noche que se convirtieron en un paseo entre algodones tras la tortura vivida durante la tarde.
En Colibantang nos recibió la familia de Ibrahima con un plato de couscous de mijo con albóndigas de pescado y agua fresca al más puro estilo senegalés. Todos comiendo del mismo plato en el suelo, nosotros con cuchara y los demás con la mano. En el pueblo sólo un par de casas tienen electricidad, entre ellas la de Ibrahima. Alrededor del fluorescente que tiene en la puerta de su habitación (de adobe y paja, como casi todas las casas del pueblo) se reunen varias familias que comparten la comida con nosotros. La gente nos saluda muy amablemente y se ríen entre ellos.
Los habitantes del pueblo pertenecen a la etnia mandingo, que vinieron de Malí hace 500 años según ellos mismos, por lo que nuestras cuatro frases en wolof no sirven de nada aquí. Algunos hablan algo de francés, pero los gestos y sobre todo las sonrisas hacen que la noche sea, a pesar del agotamiento del viaje, muy placentera.
Pronto nos traen dos camas y un par de colchones y los sitúan entre las cuatro casas donde vive la familia de Ibrahima. El calor acumulado en el interior de las viviendas durante el día hace que mucha gente duerma en la calle, al lado de las cabras y los burros. Hasta que no hacemos ademán de echarnos a dormir, la gente nos mira sonriente, como toubabos (blancos, en mandingo) que somos. Cuando se marchan, el pueblo queda a oscuras y nosotros, junto al hospitalario Ibrahima, nos quedamos mirando las estrellas sin apenas fuerzas para hablar. Éste era el viaje que estábamos buscando.
Mañana sigo con más detalle porque estoy bastante cansado, pero por ahora les adelanto que hemos sido muy afortunados conociendo lugares donde la hospitalidad es la norma
número uno. Hemos comido y bebido hasta saciarnos en pueblos muy pobres de cuatro o cinco familias donde los niños nos miraban como si fuéramos extraterrestres y donde nos recibían con bailes y percusión. Hemos hablado con los jefes de varios pueblos y no se rían, nos han abanicado mientras tanto… Estos cuatro días han sido como un sueño, como una historia para dormir cuando eramos pequeños. El viaje hace tiempo que mereció la pena, pero estos días quedarán para siempre.
Las malas noticias son que estamos en Tambacounda a la espera de que llegue gasolina súper en los próximos días para poder continuar. Entraremos en Malí, eso seguro. Pero si el combustible escasea no podremos adentrarnos tanto como quisiéramos. Desde luego, alternativas tenemos, de eso no nos cabe duda.
Por este motivo podría titular el post “atrapados en Tambacounda”, pero creo que lo que he puesto resume un poco mejor nuestras últimas vivencias.
Les queremos. Mañana más.
Quizás quieran cambiar el titulo a del blog a “Atrapados en África” y con ello aceptar la diferencia espacio-temporal entre la tierra de Occidente y la Cuna de la Humanidad. “Atrapados en el Tiempo” parece otro titulo de película serie b.
Disfruten y aprendan de esa tierra y sus gentes. Gracias por los relatos.
Leyendo el blog finalmente Africa me sabe a Africa… ahora ya si que os imagino enbarrados de tierra roja respirando aire azul. Que envidia
Desde que el blog se ha vuelto mas reflexivo, me ha estado apeteciendo a mi tambien soltar un “pues se podia llamar el blog”… y creo que es ahora cuando mas viene a cuento decir que se podia llamar el blog “encontrados en Africa”, no?, mas que perdidos me parece a mi que finalmente estais donde queriais estar. Y claro que para sentirse encontrado hay que empezar por estar perdido…
Buena suerte con Mali (y… que algo tan MUERTO como la gasolina no os vaya a detener en un viaje tan VIVO).