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De Saint Louis a Dakhla y la salud del Feroza

Por supuesto no llegamos de día a Nouakchott. Al salir de Saint Louis, cuando habíamos superado los tediosos controles policiales, un siniestro ruidillo nos hizo miranos mutuamente unos instantes. El volumen se incrementó rápidamente y paramos el coche en el andén. Abrimos el capó y comenzó a salir humo de una de las correas. Apagamos el motor y la frase de Tony fue: “Me da que nos volmemos en barco desde Dakar”. En uno de los volantes de la correa de la bomba de la dirección se podía observar un trozo de metal fundido que sobresalía del mismo con un aspecto desmoralizador. Inmediatamente llamamos al mecánico que minutos antes había soldado las grietas del radiador y acudió enseguida en su moto. Su rápido diagnóstico nos tranquilizó al instante. Al parecer los cojinetes se habían quedado sin grasa. Esperamos unas horas tirados al borde de la carretera hasta que volvió con el recambio y montó la pieza. Eran las tres de la tarde y tuvimos que decidir si dábamos la vuelta para salir al día siguiente o proseguíamos el camino con la certeza de tener que conducir de noche hasta Nouakchott. Optamos por la segunda opción y nos dirigimos hacia Diama, una presa que rompe el río Senegal y hace de paso fronterizo con Mauritania. No tuvimos muchos problemas para cruzar la frontera y después de unas dos horas y media de pista de tierra alcanzamos Rosso. Todo el trayecto entre Diama y Rosso lo hicimos sin el pertinente seguro mauritano para el coche, pero en los escasos controles que encontramos no nos solicitaron el documento. Para nuestro asombro la policía mauritana se mostró bastante amable. En Rosso volvimos a recordar el agobio que causa ese lugar mientras cambiábamos euros a ouguillas y sacábamos el seguro. Ya eran las seis y media cuando comenzamos el camino a Nouakchott.

El trayecto hasta la capital mauritana pasó sin sobresaltos y poco a poco nos fuimos acostumbrando al lenguaje de luces que se aplica en los trayectos nocturnos. La mayoria de la gente pica las luces indiscriminadamente y pone los indicadores según su propio criterio, suponemos que para marcar su posición, aunque no descartamos la existencia de algún lenguaje parecido al morse, con estructuras gramaticales luminosas bastante complejas. Sobre las diez y media llegamos a Nouackchott, donde nos esperaba un médico amigo de un amigo que nos acogió en su casa y nos invitó a cenar (hamdoulilah). Depués de una jornada agotadora caímos rendidos sobre los colchones, pero contentos de haber superado dos averías en tiempo récord y haber alcanzado nuestra meta.

Por la mañana temprano nos despertamos y preparamos el coche. Todavía asustados por las primeras averías del Feroza vimos que todo estaba bien y nos lanzamos de nuevo a la carretera. El objetivo del día era nada menos que recorrer poco menos de 1000 km hasta Dahkla, con frontera mauritano-marroquí incluida. El primer incidente no tardó en llegar: en uno de los inumerables controles policiales-militares el cuentakilómetros dejó de funcionar. Otro aviso de que el Ferozihna estaba empezando a notar la caña que le habíamos dado durante el viaje. Al menos el tiempo acompañó durante todo el trayecto y el calor no hizo estragos, a pesar del fuerte viento del este que sopló durante toda la jornada. Siempre quedará en nuestra memoria la alfombra móvil de arena que atravesaba la carretera a nuestro paso, que por cierto, sacó brillo a las sucias llantas del coche.

Sobre las tres y media por fin alcanzamos la frontera. En uno de los largos ratos de espera Tony realizó un descumbrimiento aterrador: el amortiguador trasero izquierdo estaba completamente destrozado. No nos estamos refiriendo a que hubiera cedido por el uso, sino que literalmente estaba partido en dos, algo que nos dejó atónitos y bastante desmoralizados. Otra de las anécdotas “graciosas” del día fue perder la pista en la “tierra de nadie”, una carretera de tierra de 2.5 kilómetros en bastante mal estado que atraviesa una zona minada. Sin comentarios. Una hora y media después habíamos realizado los pertinentes trámites y pudimos seguir camino a Dahkla. Los últimos kilómetros del trayecto se hicieron agotadores. Otro día más superamos las doce horas de conducción. En apenas 24 horas habíamos pisado nada menos que tres países.

Llegamos a Dahkla a las once de la noche y nos dirigimos hacia el camping donde nos habíamos alojado hacía poco menos de dos meses, pero para nuestra desgracia las maravillosas jaimas que habíamos usado aquella vez estaban desmontadas. Al final optamos por montar nuestra propia caseta, preparar una cena rápida y desplomarnos sobre nuestras esterillas.

Nuestro querido compañero de viaje (compañera para Pablo) no deja de toser. Después de las fisuras en el radiador, la fundida del cojinete en la bomba de la dirección, la pérdida del cuentakilómetros y la ruptura del amortiguador, descubrimos con horror que el coche sigue perdiendo líquido refrigerante. Estamos bastante preocupados con la viciada dinámica que está empezando a coger (aunque seguimos confiando en el Feroza y sabemos que nuestro destino es llegar a casa con él en marcha). Ya sólo quedan unos 700 kilómetros hasta Tarfaya, por lo que hemos decidido seguir el camino muy atentos al radiador. La única buena noticia es que en una de las revisiones hemos arreglado el cuentakilómetros.

Como compensación a tanto sufrimiento, hoy nos hemos dado un baño dentro de la península de Dakhla, concretamente en la calita habitada por nuestro amigo Ahmed, quien por supuesto nos obsequió nada más llegar con un dulcísimo té saharaui y nos invitó (obligó) a comer al día siguiente con él. Por la noche, para completar la jornada, disfrutamos de un magnífico tajin marroquí que habíamos encargado con antelación en un restaurante tradicional que ya conocíamos de nuestra anterior estancia aquí.

Acaba de llegar el mecánico…

El radiador está soldado. Lo ponemos y salimos. Con suerte llegaremos de día a Nouakchott.

Besos.

La gota que colma el vaso…

9.45: Quieren multarnos por tener el Feroza ”aparcado” en una zona indebida. Tenemos que meter el coche en el garaje a empujones cuesta arriba… No pagamos pero sudamos un poco…

A la espera del mecánico. Mauritania sigue esperando…

10.00: El mecánico ha desmontado el radiador y se lo ha llevado para soldar la grieta. Estamos a la espera de que regrese. Una vez reparado la idea es salir hacia Nouakchott, pero si se hace demasiado tarde puede que tengamos que pasar la noche aquí.

Los sudores del Feroza…

9.30 de la mañana. Todo listo, el coche en marcha perfectamente cargado. Despedida de la gente. Gotita de líquido verde bajo el capó. Apretón de abrazadera de un tubo del radiador. Persiste la gota. Retirada de la abrazadera y revisión del tubo. Aaaahhhh !!!!

El radiador tiene una grieta.
Bajona.

Opciones:

1. Repararla con fibra de vídrio, que hemos traido para estos casos (gracias maestro Rubén).
2. Llamar a un mecánico.

Decidimos llamar al mecánico de Médicos del Mundo y estamos a la espera de que llegue para echarle un ojo. Si se puede soldar, estupendo. Si no, tiraremos de fibra de vidrio y que aguante hasta Tarfaya… (no nos falles ahora Feroziña…)

El principio de la cuenta atrás

Mañana temprano esperamos partir hacia Mauritania. Saldremos de Saint Louis rumbo a la presa de Diama, paso fronterizo que esperamos sea más sencillo que nuestro “amado” Rosso. Nos han hablado bastante bien de esta frontera. La ventaja (además de no ser Rosso) es que se cruza el río Senegal por la propia presa sin necesidad de usar un transbordador, por lo que los trámites (y en teoría los pagos) se simplifican. La desventaja es que una vez sobrepasada la frontera tendremos que avanzar 100 kilómetros por una pista de tierra hasta llegar al Rosso mauritano. Desde ahí comenzaremos ya a recorrer camino andado, unas tres horas en carretera de asfalto (en condiciones bastante aceptables) hasta Nouakchott. El resto es “subir” lo que ya “bajamos” hace casi dos meses, cuando aún no sabiamos lo que nos íbamos a encontrar…

Una vez hayamos salido de Saint Louis las posibilidades de actualizar este blog se reducirán considerablemente y con suerte podremos publicar algo desde algún cibercafé. También existe la posibilidad de que no podamos escribir más hasta la firma final, cuando hayamos pisado suelo canario. Por lo tanto queremos aprovechar para agradecer a todos una vez más sus palabras y comentarios, que nos han brindado mucho ánimo y apoyo.

Ya falta poco para llegar a casa y aún nos queda todo un desierto que cruzar. Esperamos de corazón que este blog haya servido para compartir algunas de las experiencias y también para alentar a algunos de sus lectores a que hagan la maleta y vengan a visitar esta zona tan acogedora y fascinante del mundo, como las gentes que habitan en ella.

De parte de los tres, muchísimas gracias por habernos acompañado durante el viaje.

Mapa de la ruta Bamako-Saint Louis

A partir de la “evacuación” de Yeray decidimos volver a Saint Louis sin mucha demora tomando la ruta del sur en Malí y la del centro en Senegal. En Matam nos indicaron que la carretera del norte, la que discurre paralela al río Senegal (frontera natural con Mauritania) era más rápida. La travesía ya la conocen, pero ahora les adjuntamos un mapa con la ruta definida. Tardamos cuatro días en alcanzar la desembocadura del río Senegal, cuyo curso seguimos desde la presa de Manantali.

Hoy el cuentakilómetros del Feroza marca 6500km, desde que lo pusimos a cero el día que llegamos a Tarfaya (29 de febrero).

De vuelta en Saint Louis

El trayecto Matam-Saint Louis duró unas siete horas y media, aproximadamente. La carretera está en unas condiciones bastante buenas y llegamos a la ciudad dentro del horario previsto (cosa asombrosa, por cierto). Si el trayecto fue algo caluroso dadas las altas temperaturas que hay en el interior del país por estas fechas, la llegada a la urbe fue tremendamente caliente. Tres controles de policía (cada cual más antipático) en cuestión de 20 minutos a la entrada de Saint Louis. El último nos pidió los triángulos, de los cuales sólo teníamos uno, pues pensábamos que con éste bastaba según la legislación de Senegal. Pues bien, la labia de Pablo, sumada a su efusiva expresividad y su plena y falsa convicción de que sólo era obligatorio tener uno, hicieron que pasásemos sin pagar un duro, salvando el bolígrafo que Tony tuvo que regalar al agente, quien quedó tremendamente agradecido por el “regalo”…

Diez minutos de tensión hasta cruzar el puente y llegar a la isla, esperando en cualquier momento un cuarto e incluso un quinto control para “tubabs” pardillos como nosotros (qué poco nos conocen…) Pasado el puente, coche aparcado y Thiep bou diene triple para los dos a la senegalesa (plato compartido), un par de plátanos y a casa de David y Mónica, quienes haciendo gala de la teranga senegalesa nos invitaron a pasar unos días en su casa. Saludos a la gente, descarga del coche y limpieza de cada una de las cosas que iban en él. La tierra se había mezclado hasta con el gofio…

Pablo se fue a la ducha, que quedó semiatascada con tanta mierda y Tony se fue con Octavio, uno de los compañeros de David a fotografiar zorros voladores a la plaza de Saint Louis. Tras la ducha de Tony hubo que desatascar la bañera. Por la noche unos bocadillos de carne picante por 500 CFA y unas fatayas (empanadillas de carne senegalesas), también por 500 CFA. Luego a rellenar el blog y hablar con la gente por Internet. A las 2 de la mañana estábamos los dos muertos, cada uno en una habitación… puro lujo.

A la mañana siguiente Tony se levantó a las 8 con ganas de escribir en el blog y pablo un poco más tarde. Ambos completamente descansados y felices. Para variar, un vaso de leche en polvo con gofio (Pablo incluyó su amado café en el buffet), esta vez frente a los ordenadores (el del padre de Tony y el de Mónica)… puro lujo…

El segundo desayuno sentó todavía mejor. Esta vez con pan recién hecho y mantequilla. Visita al banco para cambiar parte de las reservas y paseo por el mercado del barrio de los pescadores (Guet Ndar) en busca de vegetales para el almuerzo y la cena. Spaguetti con salsa de tomate casera para cinco y el consiguiente descanso para hacer la digestión.

Por la tarde puesta a punto del coche: cambio de aceite y filtro según las enseñanzas del maestro Rubén, ajuste de una fuga de líquido refrigerante, limpieza del filtro del aire y el sol se puso para avisarnos de que mañana (y no hoy) íbamos a cambiar el filtro de la gasolina.

Ahora mismo escribiendo estas palabras y esperando para salir a tomar unas gazelle (cerveza nacional) y unas brochetas de facocero (el jabalí africano del rey león). Un abrazo a todos.

De la tierra al asfalto (o la entrada en Senegal)

A las 5.30 nos despierta “Vakita gitana”, composición de nuestro amigo Federico (Chaps), en el despertador del móvil de Pablo. Un vaso de agua caliente con gofio, azúcar y leche en polvo, como cada mañana. Una rápida recogida del campamento, una pequeña organización del coche y salimos, entre baobabs, a la carretera para continuar la ruta. Las condiciones del camino no cambian en absoluto con respecto a la jornada anterior, pero el fresco de la mañana hacen mucho más agradable las primeras horas de conducción. Al poco tiempo de la marcha cruzamos de nuevo el río Senegal por un puente que nos invita a detenernos y tomar unos planos y unas fotos. Pablo se anima y graba un sonido ambiente con el equipo de audio.

El camino continúa atravesando pueblos preciosos, de casas circulares de adobe y paja, algunas de ellas decoradas con pinturas muy parecidas a las que hace muchos siglos los aborígenes de Gran Canaria plasmaron en la cueva pintada de Gáldar. La gente sale a saludarnos con una gran sonrisa y los niños, exaltados, se acercan corriendo a veces para saludar, otras para pedir regalos… (triste legado de los turistas que pasaron antes que nosotros por aquí).

Poco después del mediodía pasamos por unas cascadas preciosas, indicación, por lo que habíamos visto en Google Earth, de que estábamos cerca ya de Kayes.

En poco menos de una hora llegamos a la ciudad. Compramos agua y gasolina y continuámos la marcha hacia Kidira, frontera con Senegal. Como habíamos imaginado, la salida de Malí fue tan sencilla como la entrada, y a las 14.30, tras media hora de gestión aduanera, estábamos en Senegal otra vez.

La carretera, ya desde Kayes, era de asfalto nuevo y nos permitía alcanzar los 90km/h con el feroza. No solemos superar esta cifra por cuestión de ahorro de combustible y seguridad. Ya en Senegal el asfalto deja un poco que desear, pero mantenemos un buen ritmo. Una parada bajo un baobab para comer una papaya y unos mangos malienses, una foto y continuamos el camino.

Un pequeño error de cálculo nos hace perder bastante tiempo entrando en un pueblo que podíamos haber pasado de largo si hubiésemos visto el cruce que quedó atrás. El aumento de socavones en el asfalto ralentizan la marcha y la amortiguación del feroza se lleva un par de sorpresas desagradables. Nuestra meta, pasar Matam, queda demasiado lejos y decidimos acampar antes (en distancia, no en tiempo) de lo previsto. El sol sigue marcando nuestro ritmo.

El fin de la crísis energética

Esta noche, cuando salíamos a cenar un shawarma al centro de Tambacounda, pasamos por una de las muchas gasolineras de la “ciudad” y sorpresa: había llegado la gasolina super. Tardamos unos segundos en asimilar la respuesta del empleado porque ya teníamos la idea de pasar dos o tres días de espera. Llenamos el tanque y fuimos a por los depósitos que se habían quedado en el camping. Los shawarmas supieron como nunca y la alegría volvió tras un largo día de calor saheliano. Mañana temprano saldremos en dirección a Kidira, frontera con Malí, para intentar alcanzar Kayes. Si allí no encontramos gasolina volveremos a Senegal, pero si conseguimos combustible intentaremos llegar a Bamako. Los amos del petróleo, para variar, decidirán por nosotros.

La atención médica en Colibantang (por Pablo)

El otro día, en Colibantang, Ibrahima se empeñó en regalarnos unas pulseras de metal con nuestros nombres inscritos. Para ello fuimos a la casa de un herrero muy cerca de donde nos estabamos quedando. Cuando entramos y comenzamos el protocolario saludo a todo el mundo nos quedamos atónitos viendo el brazo completamente quemado de una niña que no tendría más de tres años. Desde el codo hasta los dedos la quemada, una de las más feas que he visto en mi vida, mostraba la carne completamente chamuscada, y en los bordes se veían las manchas de pus que rodeaban la herida. Estaba llena de tierra y porquería, aunque debo reconocer que la niña no se quejaba. Nos contaron que hacía cinco días que tenía el brazo así, y aunque no pregunté, creo que fue porque cayó sobre las brasas que utilizan para trabajar el metal.

Sé que no tengo conocimientos para saber qué se debía hacer. Me dijeron que no existe centro de salud en el pueblo, y que el más cercano está a tres kilómetros de distancia. Días después nos enteraríamos que aquí sí te atienden gratuitamente, pero los medicamentos, en el caso de que los haya, lo pagas de tu propio bolsillo. Pudimos visitar el centro médico de Maka, y debo reconocer que estaba bien; había personal médico e incluso tuvimos la suerte de ver a un recién nacido. Aunque por una parte sabíamos que poco podíamos hacer no pudimos evitar acudir a nuestro propio botiquín para limpiar la herida, desinfectarla y aplicar una pomada para quemaduras graves. Durante el siguiente día acudimos en tres ocasiones para realizar las curas, pero sinceramente, creo que ya era demasiado tarde para evitar la infección. Ahí se quedó la niña, no sabemos que suerte correrá. Por supuesto nos pidieron medicamentos (que no les dimos) y desde entonces varias personas acudieron a nosotros en busca de atención pero sobretodo de medicamentos (comprimidos). Un viejo con artritis, una niña con una herida bastante bien cerrada en la pierna e incluso una niña pequeña que sangraba por los genitales. Les explicamos que no eramos médicos ni enfermeros, y que no sabíamos qué hacer.

De esta experiencia me quedan varias sensaciones bastante contradictorias. Por un lado me parece horrible que la vieja ambulancia que hay en Maka (el pueblo con centro médico situado a 3 kilómetros) no se desplace hasta aquí para poder realizar las pertinentes curas que esa niña requería. Por otro lado no entiendo porqué no llevan a la niña en brazos hasta ahí. Son sólo 30 minutos de camino, y en el pueblo hay carros de caballos e incluso he visto alguna moto. No comprendo porqué no se organizan entre ellos para mejorar las condiciones de vida, en vez de esperar ayuda externa, ya sea gubernamental o de cooperación internacional. Nos pidieron que denunciáramos la situación del pueblo a ver si alguna organización de ayuda al desarrollo se interesaba y montaba un centro médico. También siento que contínuamente se quejan de la falta de medios como el principal problema, pero muchas veces no denuncian con la misma intensidad la falta de formación, por ejemplo, en el uso responsable de los medicamentos. No es culpa de ellos, pero los pocos que sí tienen formación podrían organizarse y compartir esos conocimientos para mejorar las condiciones de vida de los que viven aquí. Todos quieren medicamentos, estén enfermos o no. Podíamos haberles dejado lo que quedada de la pomada para quemaduras, pero sinceramente, no sabíamos qué uso le darían.

Esperamos de corazón que la niña pueda salir adelante, aunque creo que si tiene una infección necesitará antibióticos, y no se los van a dar. Ojalá sea lo suficientemente fuerte como para superar una situación así.

El viaje que estábamos buscando

Son las 8 y media de la tarde. Estamos en un camping de las afueras de Tambacounda. Pablo está dumiendo en una de las casetas y Yeray se ha ido al pueblo con Ibrahima Ly, la persona que nos ha enseñado el verdadero Senegal estos últimos días y que conocimos por casualidad en Saint Louis. Aprovecho la conexión del albergue para escribir unas palabras.

Por desgracia no podré transmitir todo lo que hemos vivido desde que salimos de Dakar, ya que han sido sin duda alguna los días más intensos del viaje, pero intentaré dar unas pinceladas a continuación:

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La ruta Dakar-Colibantang duró 12 horas. Hasta Kaolak, más o menos la mitad del recorrido, fueron 4. El resto, hasta Koussanar, fue un auténtico infierno de asfalto destrozado y calor saheliano contundente, aire seco y recalentado que sopla desde el interior del continente, conocido aquí como harmatan. Después, 35km de tierra en plena noche que se convirtieron en un paseo entre algodones tras la tortura vivida durante la tarde.

Ibrahima-LyEn Colibantang nos recibió la familia de Ibrahima con un plato de couscous de mijo con albóndigas de pescado y agua fresca al más puro estilo senegalés. Todos comiendo del mismo plato en el suelo, nosotros con cuchara y los demás con la mano. En el pueblo sólo un par de casas tienen electricidad, entre ellas la de Ibrahima. Alrededor del fluorescente que tiene en la puerta de su habitación (de adobe y paja, como casi todas las casas del pueblo) se reunen varias familias que comparten la comida con nosotros. La gente nos saluda muy amablemente y se ríen entre ellos.

Los habitantes del pueblo pertenecen a la etnia mandingo, que vinieron de Malí hace 500 años según ellos mismos, por lo que nuestras cuatro frases en wolof no sirven de nada aquí. Algunos hablan algo de francés, pero los gestos y sobre todo las sonrisas hacen que la noche sea, a pesar del agotamiento del viaje, muy placentera.

Pronto nos traen dos camas y un par de colchones y los sitúan entre las cuatro casas donde vive la familia de Ibrahima. El calor acumulado en el interior de las viviendas durante el día hace que mucha gente duerma en la calle, al lado de las cabras y los burros. Hasta que no hacemos ademán de echarnos a dormir, la gente nos mira sonriente, como toubabos (blancos, en mandingo) que somos. Cuando se marchan, el pueblo queda a oscuras y nosotros, junto al hospitalario Ibrahima, nos quedamos mirando las estrellas sin apenas fuerzas para hablar. Éste era el viaje que estábamos buscando.

Mañana sigo con más detalle porque estoy bastante cansado, pero por ahora les adelanto que hemos sido muy afortunados conociendo lugares donde la hospitalidad es la normadsc_6224.jpg número uno. Hemos comido y bebido hasta saciarnos en pueblos muy pobres de cuatro o cinco familias donde los niños nos miraban como si fuéramos extraterrestres y donde nos recibían con bailes y percusión. Hemos hablado con los jefes de varios pueblos y no se rían, nos han abanicado mientras tanto… Estos cuatro días han sido como un sueño, como una historia para dormir cuando eramos pequeños. El viaje hace tiempo que mereció la pena, pero estos días quedarán para siempre.

Las malas noticias son que estamos en Tambacounda a la espera de que llegue gasolina súper en los próximos días para poder continuar. Entraremos en Malí, eso seguro. Pero si el combustible escasea no podremos adentrarnos tanto como quisiéramos. Desde luego, alternativas tenemos, de eso no nos cabe duda.
Por este motivo podría titular el post “atrapados en Tambacounda”, pero creo que lo que he puesto resume un poco mejor nuestras últimas vivencias.

Les queremos. Mañana más.

Despedida temporal

Mañana temprano (en realidad hoy, que ya es de madrugada) partimos hacia el interior de Senegal en dirección a Malí. No creo que podamos disponer de conexión a Internet tan fácilmente como hasta ahora, pero intentaremos mantener el contacto lo más a menudo posible. Por lo tanto, no nos queda otra que despedirnos temporalmente de ustedes. Un abrazo fuerte y muchos besos. Gracias por los mensajes de ánimo y esperamos poder contarles nuevas historias pronto.

Atrapados en Dakar

Segundas partes nunca fueron buenas… pero es lo que hay.

img_4915.jpgHoy por la mañana hemos recogido los visados para Malí, que no han tardado en entregarnos. Esperábamos que hoy fuese nuestro último día en Dakar. Sólo quedaba hacer una compra, llenar el tanque y llamar a Ibrahim, un chico senegalés muy amable que conocimos en Saint Louis y que nos invitó a su casa en Koulibantan (13°39′30.67″N – 14°15′16.96″O), un pueblo del interior de Senegal próximo a Tambacounda. Como tampoco teníamos mucho que hacer decidimos ir a la isla de Gorée (14°40′0.64″N – 17°23′56.35″O), tristemente conocida por ser el punto de partida de millones de esclavos hacia el continente americano.

La visita fue muy tranquila, en contraste con el ajetreo de la ciudad. Pudimos visitar el museo histórico de la isla y Yeray conoció la casa de los esclavos, una intensa experiencia que Pablo y Tony ya habían vivido el año pasado.

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De regreso a casa tuvimos nuestro primer e infortunado control policial en Dakar. La seguridad de Pablo ante el agente de las fuerzas del orden era desbordante, resultado de las innumerables veces que nos hemos visto negociando con la policía marroquí, mauritana y senegalesa. Su ímpetu y soltura se vinieron abajo en cuanto el agente señaló la fecha de caducidad del Passavant (documento imprescindible para circular con un coche extranjero en el país): 9 de marzo de 2008. Teniendo en cuenta que hoy es día 25, la tensión se hizo latente en el Feroza. Amablemente nos indicó que el coche quedaba retenido hasta que renovásemos el documento al día siguiente, algo que ninguno de los tres podía concebir.

Resultado:

agente: +6000 CFA
viajeros: -6000 CFA

Sabemos que sobornar está mal, pero no podíamos permitirnos dejar nuestro hogar en manos de ese policía. De vuelta a casa, atemorizados por la posibilidad de sufrir otro control, decidimos aplazar la partida hacia Malí un día más. Los papeleos en Senegal pueden durar bastantes horas y no queremos lanzarnos a la carretera con el riesgo de que se haga de noche por el camino. Mañana haremos las compras perintentes una vez que tengamos los papeles en regla (por cierto, iremos en taxi). Nos hemos quedado un poco decepcionados con el aplazamiento, pero por otro lado, nos alegramos de que esto nos haya pasado en Dakar, donde realizar estos trámites resulta más sencillo que en una carretera perdida del interior de Senegal. Además entendemos que aquí, en África, el tiempo discurre de otra manera y nosotros no lo podemos cambiar.

Conducir en Dakar

Si puedes conducir en Dakar puedes conducir en cualquier ciudad del mundo. Ésta es una de las conclusiones a las que hemos llegado despúes de circular durante un par de días por la capital de Senegal. Con paciencia, un gps conectado a un portátil con google earth y seis ojos por vehículo se puede conducir decentemente por aquí. Sin embargo, hay que tener en cuenta unas cuantas normas que si bien no se aplican en Europa, aquí son reglas fundamentales:

1. En las rotondas no hay preferencia predeterminada. A veces la prioridad es del que está circulando dentro de la glorieta y a veces del que se incorpora. Es una norma bastante intuitiva. Simplemente hay que calcular la velocidad de los demás vehículos y adecuar la tuya para no tener un accidente, intuyendo siempre las intenciones de los demás conductores.

2. En los cruces hay que indicar con antelación la maniobra introduciendo el morro del vehículo entre los coches que circulan en sentido contrario y los que circulan de manera perpendicular a nosotros, lo justo para no chocar, pero lo suficiente para que los demás se vean obligados a darte paso. A veces pueden producirse colapsos aparentemente insalvables, puesto que quedan coches atascados en todas las direcciones, componiendo un puzzle gigante de taxis, todoterrenos, comunitaires, camiones, guaguas, motos, etc. Aunque puede que tengas la suerte de que algún espontáneo se ponga a desmontar el puzzle por cuenta propia, como nos sucedió el otro día en una zona céntrica de la ciudad, organizando el tráfico mucho mejor que cualquier policía.

3. Los policías sólo están para utilizar el silbato y dar un toque sofisticado a una calle de tierra llena de coches que parecen sacados de un desguace abandonado en los años 60. Aunque en un principio su figura imponga respeto, delante de un policía puedes hacer cualquier maniobra que se te pase por la cabeza: dar marcha atrás en una autovía, circular en dirección contraria, adelantar por el andén o la acera de la derecha, cambiar de sentido atravesando una mediana, ir con otras 10 personas en el techo de una furgoneta, remolcar una moto con otra moto mediante una cuerda, etc.

4. Es obligatorio llevar dos triángulos de seguridad y un extintor en el vehículo. Sin embargo, el uso de casco parece no ser obligatorio para los motoristas ni para los conductores de carros tirados por animales. Tampoco parece ser obligatorio el uso de luces por la noche: lo que puede parecer una moto en medio de la oscuridad puede ser un coche con una sóla luz. También se da el caso opuesto, la luz larga se puede utilizar indiscriminadamente para indicar tu presencia o directamente para aturdir al que circula en sentido contrario.

5. Hemos comprobado que es habitual el transporte de personas y animales en el maletero y el techo de los vehículos, por lo que deducimos no hay ninguna restricción al respecto.

6. Los burros, los caballos y las cabras siempre tienen preferencia. Los peatones no.

7. Cualquier coche que pueda desplazarse por sus propios medios o remolcado por un tercer vehículo puede hacerlo sin necesidad de pasar ITV ni nada parecido.

8. En caso de atropellar a una persona, se recomienda continuar la marcha hasta la comisaría más cercana, para evitar ser juzgado y linchado en la calle. Este último punto no es una recomendación oficial, pero es un consejo que nos ha dado gente que vive en Mauritania y Senegal. Tampoco es recomendable atropellar cabras… conocemos a gente que lo ha hecho… (te quiero, madre)

Los visados para Mali

img_4869.jpgLos trámites para los visados de Mali ya están en marcha. Por desgracia el lunes es festivo, así que tenemos que esperar hasta el martes para que nos los den. Es la fiesta de Pascua, y aunque este país tiene un 90% de musulmanes eso no quita que celebren todas las fiestas posibles. Lo malo es que no podremos salir hacia Tambacounda hasta el miércoles. Nos han hablado muy mal de la carretera Dakar-Tamba, ocho horas de baches enormes y asfalto destrozado, por lo que no queremos salir tarde para evitar conducir de noche.

Despues de pasar por la embajada hemos descansado toda la tarde. Por la noche fuimos al Centro Cultural Francés, donde había un concierto de jazz bastante poco animado. Durante el camino, la conducción astuta del taxista entre el caos de Dakar nos hace hablar con añoranza, como cada día en este viaje, de nuestro amigo Rubén, quien por diversos motivos no pudo venir con nosotros al continente africano. Ya vendremos en otra ocasión, pero entonces será para cruzar el continente entero… Te echamos de menos Rubensón !!!

Ya de madrugada tuvimos el placer de escuchar a Cheick Lo en directo, en un local que se llama Pen-Art. El ambiente estuvo muy animado y Lo se salió.

La entrada a Dakar

img_4819.jpgDe camino a Dakar superamos los 3000 km recorridos. El Feroza parece que se está portando bien. En el camino pasamos por Kelle, un pequeño pueblo cercano a Mekhe, donde grabamos unas entrevistas y unas panorámicas de la zona en que se va a construir un centro de salud. Lo más impresionante fue una estación de tren abandonada que parecía sacada de una pelicula del salvaje oeste y una veintena de buitres  devorando el cadáver de un perro al borde de la carretera. Por desgracia no pudimos sacar fotos, ya que seguíamos a un coche que nos indicaba el camino al centro de salud de Mekhe. Sobre las condiciones del centro de salud, bueno, dejaban bastante que desear.

dsc_5790.jpgLa travesía Saint Louis-Dakar, que no supera los 300 km, se hace agradable y ligera hasta Tivaouane, ciudad santa para losdsc_5733.jpg musulmanes. La coincidencia con la peregrinación anual debido al aniversario del nacimiento del profeta Mahoma convierten el trayecto Tivaouane-Dakar en un atasco de 100 km que, eso sí, nos permite disfrutar con tranquilidad de los imponentes baobabs y comprar algo de fruta a las vendedoras ambulantes que se acercan a los coches desde el borde de la carretera.

Entramos a Dakar ya de noche y tardamos un poco en encontrar el lugar donde habíamos quedado con Madelaine, una encantadora senegalesa que Tony y Pablo ya conocían del anterior viaje a Senegal. Ya en la antigua casa de Moctar, un amable mauritano afincado en Dakar, nos damos una rápida ducha y salimos a cenar algo con él. Aprovechamos para dar una vuelta por la ciudad pero el cansancio nos fuerza a retirarnos pronto. Mañana tenemos que ir a la embajada de Mali para sacar los visados.

Atrapados en Saint Louis

La llegada a Saint Louis fue todo un triunfo después de la tortura a la que fuimos sometidos en la frontera. Todos los males sufridos allí se olvidaron una vez que entramos al albergue. Una cabañita con vistas al río en un parque nacional lleno de aves de toda clase y un atardecer de ensueño eran nuestro premio después de uno de los días mas fatigosos del viaje. Dos paseos en canoa por el río y dos baños en el mar a tan solo cien metros de la otra orilla han sido nuestros únicos momentos de relax total durante los once días que llevamos en Saint Louis.

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Las entrevistas, grabaciones y sobre todo el entablar relación con los participantes en el docu han sido los verdaderos protagonistas de nuestra estancia en Saint Louis. Una experiencia muy fructífera si no contamos con los tediosos y exaustivos controles policiales que por el bien de nuestra economía hemos tenido que aprender a superar con labia, paciencia y astucia.

La gastronomía local, las nuevas amistades y el maravilloso entorno en el que estamos es lo que realmente ha merecido la pena de tan larga estancia.

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Mañana o pasado (ojalá) partiremos a la capital del país, no sin antes hacer unas pequeñas grabaciones en Kelle, un pueblito a mitad de camino. Lo planes son gestionar los visados para Mali e internarnos en el continente. Koulibantan y Maka, dos aldeas alejadas de la mano de Allah serán nuestra próxima meta después de Dakar.

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img_4791.jpgBueno, después de tanto tiempo sin poner ninguna foto, aquí va la primera. La acabamos de sacar ahora mismo en Saint Louis para la ocasión. Es la Única que teníamos disponible, pero pronto pondremos más.

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Lamentamos no poder estar actualizando el blog como quisiéramos, pero la falta de tiempo y de conexión nos impiden hacerlo. Estamos todavía en Saint Louis, pero mañana salimos hacia Dakar. Hemos tenido mucho trabajo y muchas oportunidades para hacer entrevistas que no hemos querido desaprovechar. La gente aquí nos trata muy bien. Todos estamos sanos y no hemos tenido problemas dignos de mención. Esperamos que ustedes estén todos bien y a ver si podemos seguir narrando el viaje.

Un abrazo muy grande de parte de los tres.

Nouadhibou, Nouakchott y Rosso

Al día siguiente visitamos una preciosa playa al oeste de la península de Cabo Blanco. Largas extensiones de arena por las que pudimos conducir en lo más parecido al rally Dakar que hemos experimentado. Volvimos pronto para hacer una entrevista, precedida por una copiosa comida, acompañados por un grupo de cooperantes internacionacionales del que conseguimos muchos contactos para la vuelta. Al día siguiente hicimos un intento frustrado de levantarnos a las 5 de la mañana para acometer una de las jornadas más duras del viaje: calor, desierto, dunas y muchísimos kilómetros nos acompañaron en nuestra travesía de Nouadhibou hasta Nouakchott, capital de Mauritania.

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Llegamos algo tarde en busca de un contacto que no pudimos encontrar, por lo que acudimos a dormir a un albergue a la entrada de la ciudad. La verdad es que a ninguno de los tres nos gustó demasiado la belleza de la ciudad, más bien al contrario, pero por otro lado conocer el ajetreo y el caos de la capital mauritana es cuanto menos una experiencia para recordar.

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Sólo pasamos una noche en la ciudad, y temprano partimos hacia Saint Louis (Senegal). Nos dijeron que no habría problemas en la frontera con Rosso, aunque todos recordábamos la comparación del viajero australiano que literalmente dijo: “Rosso is hell”. Al final ni una cosa ni la otra, pero debemos reconocer que fueron tres horas muy largas de negociaciones con la policía y los militares de ambos países. Hemos aprendido a no separarnos de nuestros pasaportes, o al menos a no perderlos de vista cuando están en manos de las autoridades.

img_4571.jpgimg_4576.jpgEl paisaje desde Nouakchott hasta Rosso supone la transición entre el desierto y el Sahel. Las extensiones de arena se ven salpicadas ahora de arboles y zonas de suelo mas fértiles y el color de la tierra se torna cada vez más rojizo.

disculpen la tardanza

Perdonen por el problema de los comentarios. A partir de ahora se publican sin necesidad de confirmación por nuestra parte. Perdonen tambien la ausencia de tildes y los símbolos raros que aparecen en su lugar, cosas del copia y pega en teclado francés. En breve les daremos nuevas noticias. No hemos tenido tiempo para conectarnos. Ahora les escribimos desde la sede de Médicos del Mundo en Saint Louis, Senegal. Llevamos aquí cinco días ya y todo nos va muy bien.

Pronto tendrán nuevas historias. Besos y abrazos