Archivos para la Categoría 'reflexiones'

La vuelta (por tony)

la vuelta es un vaso vacío cubierto de polvo
una gota de agua en la arena del desierto

la vuelta es una libreta cerrada
sin letras ni garabatos

una flor marchita en un jarrón

una muerte llena de vida
una vida sin ganas ni motivos

la vuelta es un escarabajo en una caja de cartón

un amanecer nublado
una tarde de lluvia
una piedra en la mano

la vuelta es la soledad en compañía
un charco de barro
una mirada perdida

la vuelta es un un barco hundido
que nadie ha visto
y nadie ha buscado

la vuelta es un prado seco ante el fuego
un ocho convertido en infinito

la vuelta es un mundo sin sentido

El mercado de Get Ndar (por Pablo)

Me encanta el mercado de Get Ndar, el barrio de los pescadores. Es un contraste en comparación con la isla de Saint Louis, tan hermosa con sus decadentes edificios coloniales, pero marcada por los turistas y los comportamientos que condicionan. Es un mercado a la antigua usanza, con sus pequeños puestos de pescado, verduras, legumbres, especias, etc. También se venden utensilios de las más variadas tendencias, y lo que más me gusta son los recovecos que descubren los pequeños puestos de telas y talleres para su confección. Sorprende observar que casi todos los que cosen son hombres. Me hace gracia ver al típico anciano con la clásica indumentaria musulmana cosiendo a máquina una falda o un corsé, es casi tan gracioso como ver a dos hombres viejos cogidos de la mano mientras pasean por la ciudad. Es un barrio pobre, lleno de basura, de calles de tierra y polvo, lleno de cayucos de pesca, redes y un fuerte olor difícil de describir con palabras.

Nos estamos quedando muy cerca de allí, al otro lado del río. En tan sólo tres minutos cruzas el pequeño puente y vas haciendo tu pequeña compra diaria, hablando con la gente y sintiéndote parte del bullicio que rodea al mercado. Es una sensación completamente distinta a la que siento dentro de la isla de Saint Louis, donde los mercaderes contínuamente te abordan para que compres mercancía a precios desorbitados, y no te dejan tranquilo hasta que no se dan por vencidos. Es una de las consecuencias del turismo, que genera riqueza pero a la vez pervierte el ambiente de los lugares donde se hace latente. Saint Louis es así, pero sus alrededores todavía no.

Ya casi no quedan este tipo de mercados en España. Ahora lo que manda es el mercado internacional y las grandes superficies. Carrefour sustituyó a Lola, Mercadona a Manuel, El Corte Inglés a Rosa. Aquí siguen existiendo los puestos de Ndiaye, de Ibrahim o Sana, pero no sé hasta cuando. Quizás mientras sea un país pobre lo único que interese sean sus recursos (que por más que los senegaleses presuman de ellos, francamente, son escasos). Son las cicatrices de la globalización, pero sobretodo el reflejo del fracaso de las personas frente a las empresas. En alguna parte del camino se perdió su sentido, y ahora son “sistema”. Se acabaron los países, los pueblos, las regiones. Vivimos en un mundo de empresas, y la única bandera que ondea es la del beneficio. Las personas seguimos enfrascadas en palabras vacías como patriotismo, conflicto y egoísmo, mientras que las grandes corporaciones se regocijan disfrutando su victoria. El mundo ya no es un lugar para compartir, sino un sitio donde si queremos ser aceptados debemos pedir permiso y adaptarnos a las reglas del juego. Como decía el escritor Eduardo Galeano, aquí los únicos votos que valen son los de los accionistas en las juntas. El de los ciudadanos hace tiempo que dejó de contar, solo sirve como zanahoria agarrada a una caña. No hay mayor esclavo que aquel que se siente libre, ni mayor necio que aquel que se siente sabio. Yo estoy seguro de no ser sabio, pero también de que no soy libre. ¿Seré capaz de romper mis cadenas?, o peor aún… ¿Quiero?

Un repatriado nostálgico (Por Yeray)

Hola a todos, sobre todo a Pablo y Tony. Perdonen si he tardado en escribir pero es que después de mi traslado un poco dificultoso, he necesitado una semana para reordenar mis pensamientos. Todavía no lo he conseguido, es más, es ahora cuando estoy empezando, antes simplemente no pensaba. Solo he descansado, he ido a la playa, y he comido mucho y sobretodo ni un solo grano de arroz. Después de este tiempo de reposo me pondré las pilas e intentaré que el proceso alienante y monotonizador ( me encanta inventarme palabras) de la vida cotidiana y más que nada de la televisión consigan su objetivo un poco más tarde. La verdad es que no es nada fácil pero chicos he estado hablando con gente desde que he llegado sobre la globalización, etc. Y sorpresa….nada de nada, parece que ese 80% de gente se empeña en no demostrar interés el cambio, o mejor dicho en la mejora. La cosa está dificil. Tanto esfuerzo en posts de sensibilización pero últimamente siento lo que pasaron nuestros padres. Frustación de la imposibilidad del cambio. Tendremos que esforzarnos mucho más ya que parece que no es suficiente con contar las cosas, las tenemos que vivir para entenderlas como dijo un fiel seguidor de este blog. “Sí, que guay lo que cuentas”, pero después del palique como quien cambia de canal. Bueno perdonen mi bajona pero se lo tenía que contar a alguien. Ánimo a todos pero más a Pablo y Tony que me a encantado compartir esta experiencia con gente con los sentidos tan abiertos como para escuchar lo que les cuenta el viaje.

Sierra Leona y la desinformación (por tony)

Sierra Leona es en Europa sinónimo de guerra, de violencia, de niños soldado. En 1961 consiguió la independencia pero en 1991 comenzó una guerra civil que no terminó hasta 2002. Decenas de miles de muertos, otros tantos amputados o víctimas de torturas y violaciones y más de la mitad de la población desplazada por el conflicto son sólo cifras que se utilizan para reflejar de alguna manera el horror de la guerra. El motivo: los diamantes.

A pesar de ser un país extremadamente rico en minerales, recursos pesqueros y agrícolas y poseer una diversidad biológica asombrosa, Sierra Leona es uno de los países más pobres del mundo (de hecho fue calificado el más pobre por la ONU durante un tiempo). Podría considerarse, a pesar de que la guerra acabó hace ya más de seis años, un país “en vías de subdesarrollo”.

En Senegal hemos conocido a tres españoles y una hondureña que trabajan allí: Óscar lo hace para Cruz Roja, Rosa para Médicos del Mundo, Diego para un banco alemán como informático y Kenia (la hondureña) se acaba de trasladar al país para vivir con su pareja (Óscar). Los cuatro coinciden en que Freetown, la capital, es un lugar muy tranquilo donde puedes caminar sólo por la noche sin miedo a ser atracado. Con total convicción nos han invitado (concretamente Óscar, a quien tengo especial cariño) a pasar una temporada en su casa.

Las condiciones de vida en el país son muy duras. En la misma capital prácticamente no hay electricidad, agua corriente ni alcantarillado. Las comunicaciones son escasas y deficientes. Los problemas de sanidad, la malnutrición y la falta de educación básica son las principales adversidades de la población, cuyo índice de alfabetización apenas llega al 20 % . Como dice Óscar, algo tan simple como lavarse las manos para evitar contagios e infecciones es algo que hay que enseñarles, porque no comprenden la importancia que ello puede tener en sus vidas.

Las calles, casi todas de tierra (como es habitual en África), son un bullicio de actividad durante el día. Las casas, la mayoría de zinc y madera, componen un puzzle gigante en tres dimensiones y la ciudad se expande cada día un poco más por las montañas (verdes y rojas) con vistas a la costa. La vida, como siempre, genera vida. Por la noche, cuando el calor afloja un poco, las calles se llenan de velas y la gente sale a pasear. La música suena en todas partes. Los sierraleoneses, por lo que nos cuentan, son muy amables y alegres. Siempre están sonriendo y no quieren hablar de violencia. La guerra terminó hace tiempo y prefieren dejarla atrás, como un triste y amargo recuerdo. Sierra Leona ya no es sinónimo de guerra y los niños soldado ahora son hombres que trabajan dignamente para ganarse la vida. Muchos siguen siendo niños. El horror no les dejó tiempo para crecer.

En África comenzó el ser humano a dar sus primeros pasos. De África venimos cada uno de nosotros. Sierra Leona, como todo este continente (y a pesar de los medios), es sinónimo de vida y paradójicamente, de riqueza.

No he estado en Sierra Leona. Todo lo que he escrito sobre este país es fruto de lo que he leído y lo que me han contado Óscar, Rosa, Diego y Kenia. Mi concepción sobre Sierra Leona ha cambiado mucho conociendo a esta gente. Ahora me apetece ir a Sierra Leona.

Algunos enlaces para saber más sobre este país:

http://es.wikipedia.org/wiki/Sierra_Leona
http://www.afrol.com/es/Paises/Sierra_Leona/esp_guerracivil.htm
http://www.afrol.com/es/paises/sierra_leona

(Publicado también en http://antidesinformacion.wordpress.com)

Llorar por dentro, una vez más (por Pablo)

Anoche salí hacia un almacén situado en la isla de Saint Louis en busca de cervezas para celebrar al día siguiente el cumpleaños de Tony. Cuando volvía pasé un segundo por la panadería en la que solemos comprar pan cuando estamos por aquí (consejo que nos dió Marie, ex-administradora de Médicos del Mundo, cuando vinimos el año pasado). Está situada enfrente del hotel La Residence, uno de los más lujoso de toda la isla. Como siempre hay turistas, las calle está llena de talibés y demás niños de la calle, que se lanzan sobre la gente que pasa en busca de dinero, regalos o simplemente un trozo de pan. Sus ropas suelen estar rasgadas, sus pieles repletas de roña y sus miradas se clavan sobre tus ojos. Sientes como sus pequeñas manos tiran de tu ropa para que les prestes un poco de atención.

Ayer volví a sentir, una vez más, ese tirón, y mientras lanzaba mi automatizado “dedet” (”no” en wolof) vi la cara inflada a hostias de un niño que reclamaba mi atención. Casi no se le veían los ojos, y tenía un enorme flemón en su mejilla izquierda. Me señaló sus heridas, y me dijo “coeur” (corazón en francés), mientras con una mano extendía su mano y con la otra sostenía su pecho. Lo miré unos segundos, giré y me fui con dos barras de pan por las que pagué 280 francos. Y por enésima vez, llore por dentro, porque ya casi ni me acuerdo de cómo se hace por fuera.

Anoche soñé con él, pero en mi sueño compartí el pan que anoche no le quise dar.

Cosas que estoy aprendiendo (por tony)

A levantarme y acostarme con el sol. El cuerpo y la mente lo agradecen.
A lavar las cosas y a mí mismo con un hilillo de agua y quedando limpio. Eso sí, no absolutamente desmicrobiotizado como en casa, pero estoy seguro de que es mejor así.
A montar un campamento, preparar la cena, revisar el coche y echarme a dormir en una hora escasa.
A darme cuenta de que hay cosas que no puedo grabar con una cámara de vídeo.
A compartir la comida con cualquiera que esté a mi lado, aunque no tenga apenas qué echarme a la boca en ese momento.
A comer del mismo plato con gente que no conozco, aunque algunos lo hagan con la mano y no estén tan limpios como yo.
A beber agua caliente, turbia y/o con sabor a tierra.
A romper todas las normas de precaución con la comida y la bebida. Por educación, hambre y sed…
A dar las gracias en muchos idiomas (abaraká, iniche, djeredieuf, merci, etc…) y a llevarme la mano al corazón mientras tanto.
A saludar a todo el que se cruza en nuestro camino. Y a sonreir siempre que lo hago.
A apreciar a los que no tienen nada y lo dan todo a cambio de nada.
A echar de menos a la gente de verdad. Y a la tierra y el mar también.
A emocionarme con una sonrisa desconocida.
A ver al mismo niño en todos los niños.
A llorar (o casi) de alegría y satisfacción.
A querer un poco más a la gente. Sobre todo a los que me quieren.
A conocerme mejor…

Y la lista sigue creciendo en este momento… Espero que siga así.

Tubabu cadeau (por Pablo)

Una cosa que no deja de sorprenderme de nuestro viaje por el África Occidental ha sido el haber escuchado miles de veces la palabra “cadeau”. Significa regalo en francés, y allá donde vamos, por muy alejados que estemos, siempre resuena en nuestros oídos. El regreso de Bamako a Saint Louis ya ha sido la gota que rebosa el vaso. En los pueblos más perdidos de nuestro viaje los niños salían gritando como posesos esa maldita palabra, y ya no sabíamos qué hacer. Mi rabia no va hacia los niños, ni muchísimo menos, pero sí hacia las personas que han creado esta situación. Aquellos turistas que se llenan los bolsillos de caramelos, bolígrafos y monedas para dar a los niños en busca de no sé qué. Compran sonrisas, o compran fotos que luego enseñarán en su hogar, a sus familiares de barrigas llenas y pieles rosadas. Me recuerdan a la mafia, que siempre es generosa sobornando a sus allegados con regalos para tenerlos contentos, para comprar su lealtad. Es una cultura demencial, que crea tendencias cuyo riesgo resulta difícil de calibrar.

Me da pena porque en cierta medida sientes que les robas su dignidad. Ellos estoy seguro que antes no eran así, no acudían al tubab (wolof), tubabo (mandinga), tubabu (bambara) o tubaco (fulah) en busca de presentes, rogando que los que tienen den a los que no. Casi siempre son los niños, pero también lo hemos visto en adultos y mujeres. En un anciano jamás. Incluso aunque no pares los niños se abalanzan sobre el coche, gritando con toda su alma por un cadeau que yo no les daré.

Pido a los que vengan a estos países, y esto es una reflexión personal, que si quieren ayudar a estos niños le den los bolígrafos a las escuelas, y el dinero a aquellas organizaciones que luchan cada día por darles un futuro mejor. Los caramelos mejor se los guardan. Mejor un saco de arroz. Quizás así no consigan esa sonrisa, o esa foto, pero no les meterán la costumbre de mendigar. Y si realmente quieren ayudar, entonces exijan a su gobierno occidental que no esquilme los recursos de estos países, y que sus productos puedan acceder al mercado internacional en unas condiciones justas. Acaben con la Organización Mundial del Comercio, o con el Banco Mundial. Juntémonos todos y saquemos el dinero de nuestras cuentas de bancos todos a la vez. Quizás así podamos cambiar algunas cosas. La lucha está en nuestras propias casas, en nuestros propios barrios, en nuestros propios países. Aquí lo que debemos hacer es dejarles en paz (por ejemplo no vendiendo armas a los señores de la guerra, o  permitiendo que vengan a los lugares donde pueden trabajar sin trabas). Como bien decía Eduardo Galeano en el documental “Voces contra la Globalización”, los cinco países que deciden la guerra (los cinco con capacidad de veto en la ONU: EEUU, Rusia, Gran Bretaña, Francia y China) son los cinco mayores exportadores de armas del mundo. Aquellos que hacen el negocio de la guerra deciden qué guerra es legal. Pero no nos engañemos, porque ni las personas pueden ser “ilegales” ni las guerras “legales”. Lo que sí pueden ser las personas son hipócritas, y las guerras siempre serán un fracaso de toda la humanidad.  

Mi pequeña Odisea (Por Yeray)

Después de la cena del día de llegada a Bamako, capital de Malí, comenzó el final de mi viaje por tierras africanas. Me desperté a la una de la madrugada con 38.4°C de temperatura corporal (interna 38.9°C). Me había subido en apenas 3horas de sueño. Cuando intentaba salir de nuestra acogedora cabaña maliense para refrescarme, a esas horas de la noche rondaba los 30°C, mis dos compis se despertaron. Rápidamente me tomaron la temperatura y quedándose bastante acojonados por el peligro inminente de malaria me ayudaron a pasar el mal trago. Se sucedieron diarreas y sobretodo un mal cuerpo muy desagradable. A la mañana siguiente la temperatura comenzó a bajar después de un chute de paracetamol. Pero las sospechas se hacían latentes y sólo después de la llamada a una amiga de Medicos del Mundo en Saint Louis (gracias Sandra) supimos donde acudir en la capital del cuarto país más pobre del mundo. Rápidamente llegamos a un hospital para gente adinerada y expatriados que trabajan en la cooperacion internacional, es decir para blancos y para ricos. Despues de 40 minutos de viaje en coche a casi 40°C, mi presión arterial estaba en 9/6 y la fiebre en 38.9°C; para los profanos de las medicina: me estaba muriendo. Y casi me desmayo en la recepcion del hospital. Allhamdoullillah me ingresaron inmediatamente en una habitación para mí sólo, con aire acondicionado y televisión (ni yo me lo creia), aunque eso sí, lleno de mosquitos cargaditos de malaria. Después de una buena entubada; pruebas de sangre y heces, y algún vómito que otro me empecé a recuperar. Por fin llegaron los resultados de los análisis y… no tengo malaria ni ninguna super-enfermedad tropical de esas que son muy malas; aunque eso sí, tengo una infección bacteriana potente adivinen donde… sí, han acertado: en el sistema digestivo. Ya puedo avisar a mi familia para informarles y “tranquilizarles” de que no sufro nada verdaderamente grave.

Tengo dos opciones: volver a cruzar la frontera senegalesa pasando por Kayes con temperaturas que rondan los 45°C dentro de un coche petadisimo durante 8 o 9 horas al dia y 8 jornadas de viaje con posibles recaidas de fiebre, o asumir que mi viaje estaba acabado y volver en avión a casa. Evidentemente, y con mi familia muy preocupada en España, elegí la opción más prudente.

Iluso de mí creía que sería una solución cómoda. No esperé a que el médico me diera el alta y a la mañana siguiente salimos de ese foco de infecciones cagando lech… hacia el aeropuerto, con el consentimiento del doctor, claro está. Pero en mi supuesta vía rápida de escape me esperaban recaídas de fiebre, retrasos en aeropuertos africanos, un calor insoportable, estafadores haciéndose pasar por empleados del aeropuerto, agencias falsas de viajes, soledad y todo eso haciendo una escala en Dakar y sin billete para Las Palmas. Por suerte mi padre estaba siempre al otro lado del teléfono ayudándome en todo momento, con las gestiones de los billetes, que fue otra pequeña aventura, y sobre todo dandome animo y apoyo; cuando estas sólo y con perdón “tan jodido” eso te ayuda muchísimo. GRACIAS PADRE POR ESTAR AHÍ. Y GRACIAS TAMBIÉN A TI MADRE POR HABERME PARIDO.

A mi llegada a Dakar y después de un intento frustrado de timo que consistía en la compra de un billete falso a Canarias con idas y venidas en comunitere, en taxi autoctono (sept-place) y a pie, me puse en contacto con Moctar, El Salvador. Siento pedir prestado ese título a Jesús, pero es exactamente lo se merecía ese hombre, que junto a Madeleine me diero protección y cobijo cuando más lo necesitaba. Un pequeño descanso de media hora en su casa e intentamos salir en el vuelo de ese mismo dia, viernes, a Las Palmas. Pero fue imposible había que esperar probablemente hasta el lunes, pero que más da, podía desplomarme ahi mismo de cansancio, que estaba en buenas manos.

Gracias a Moctar y Madeleine, y Ada, primo de Moctar, que sin conocerme no dudo en ir al aeropuero y mover todos sus contactos. Esta gente no duda un instante el prestarse ayuda cuando es necesario. Quien tiene un amigo tiene todos los tesoros del mundo, el dinero se puede acabar pero los amigos estarán a tu servicio y tú al de ellos. Ese provervio no se me va a olvidar en la vida y les pido a todos que cuiden los unos de los otros que es lo único que tenemos en esta vida, la familia y los amigos, y por favor no se preocupen por el asqueroso dinero que unas veces va y otras viene. Lo triste es que tengamos que pasarlo mal para darnos cuenta. Gracias tambien a Tony y Pablo que me ayudaron tanto y demostraron ser verdaderos amigos cuando se presentó la ocasion. A los respectivos papás: estén orgullosos de ellos. Les deseo lo mejor para el regreso. Desandar el camino recorrido y reencontrarse con los amigos que hicimos durante el viaje. Que envidia!

Esta noche “In sha Allah” (Si Dios quiere) partiré desde el continente a Madrid para hacer una pequeña escala de dos horas y regresar a África, pero esta vez a mi África, a mis islas, a mi hogar. Porque uno siempre tiene un hogar, real o imaginario y a mí me toca esta vez volver a casa. Permítanme, salvando las enormes distancias que me separan de mi compadre Ulises, titular esta historia todavia sin final “Mi pequeña Odisea”.

Por otra parte enfatizar la triste ausencia de nuestro querido amigo Rubén, que no pudo acompañarnos, y que con su presencia, estoy seguro, hubiera enriquecido con creces este gran viaje. A todos los que nos han seguido por este blog/diario, o lo que sea. A la familia, amigos y los que todavia no lo son, agradecer su fidelidad y apoyo incondicional que he sentido detrás de cada letra, de cada comentario. Y espero que hayamos podido transmitirles aunque, sólo haya sido un poquito, los olores de este gran continente lleno de secretos aún por descubrir, secretos para el corazón y para la felicidad.

Pablo y Tony seguiran compartiendo sus aventuras con nosotros y a ellos les digo !!!ÁNIMO COMPAÑEROS SIGAN ADELANTE!!! Yo estaré con ustedes. No en cuerpo pero sí en alma. Y ánimo a todo el que quieran cumplir sus sueños, sean los que sean. No seas tonto sólo se vive una vez. Se fuerte y da ese paso que te separa del vacío, una vez que estés en el aire caerás por tu propio peso. Puede que el camino no sea fácil, pero sólo una cosa es segura !NO TE ARREPENTIRÁS!

NOS VEMOS PRONTO AMIGOSSSSSSSSSSSSSSSSSSS!!!!!!!!!

Reflexiones de mi viaje por parte del África Occidental (por Pablo)

Mañana abandonamos Dakar. Quisiera aprovechar estos últimos momentos con acceso a Internet para reflexionar un poco sobre cómo me siento ahora que ya estoy adaptado a la dinámica del viaje. Todavía recuerdo con cariño cuando decidí apuntarme a una idea original de Rubén y Tony, que en un principio consistia en recorrer Marruecos en un coche todoterreno. Después se apuntaron Humberto y Yeray, pero circunstancias de la vida hicieron que yo ocupara el puesto de Humberto, y justo al final, cuando ya acariciábamos la salida, Rubén no nos pudo seguir. No conozco a Rubén desde hace demasiado tiempo, pero siento una profunda y sincera pena por no poder compartir este viaje con él. Es una muy buena persona, y esa es la cualidad que más aprecio de la gente. Con él este viaje hubiera sido todavia mejor, pero también tenemos que aprender a aceptar las dificultades de la vida y a asumir nuestras propias limitaciones. Al menos lo intentamos hasta el final, y aunque no estés en persona siempre te llevamos en nuestro recuerdo y en nuestro corazón.

Si mal no recuerdo fue una tarde en La Pedriza, una formación rocosa cerca de Madrid. Tony me contó la idea y en ese mismo instante supe que no podía desaprovechar la oportunidad. Mucho ha llovido desde entonces, y ahora, tras más de un año de esfuerzo e inversión, por fin cumplí mi objetivo; ya estoy aquí.

Está siendo un viaje muy dinámico. Ya había estado dos veces en Marruecos y una en Senegal. La verdad es que esos viajes me sirvieron para venir bastante mentalizado. En el fondo Senegal me está mostrando las mismas sensaciones que tuve el año pasado, las mismas reflexiones. Aquí aprendí que la vida se mira con otra óptica en muchos sentidos. Uno de los aspectos que más me llamó la atención fue la distinta manera de percibir la estructura social. Me explico: donde yo nací tendemos a considerar al niño como un ser inocente al que tapamos los ojos de la dura realidad y lo mantenemos entre algodones hasta que, hartos de tantas mentiras, acaban revelándose y descubriendo el mundo por sí mismos (es una de las razones por las que estoy aquí). Al adulto lo exaltamos como cénit de la vida, dándole todas las responsabilidades y juzgando todas sus acciones. Al anciano, directamente, se le desprecia, porque son vistos como señal de decadencia. Aquí las cosas son distintas. Los ancianos son considerados como personas sabias y fuertes (han sido capaces de sobrevivir en condiciones bastante duras), y se tiene en cuenta su opinión. Los adultos mantienen el ritmo de la vida, pero escuchan a sus mayores y no suelen tomar decisiones sin su consejo. Los niños, por otro lado, carecen de experiencia, y por tanto ocupan el último escalón de la escala social. Esto se ve cada día en la calle, en las casas y en los bordes de las carreteras. Pero no todo es negativo; a diferencia de nosotros, ellos los consideran personas y les otorgan responsabilidades. Si tienes cuatro años lo más probable es que tengas que cuidar de tus hermanos menores, lleves la tetera al abuelo o directamente salgas a la calle con el fin de traer algo de dinero a casa.

El Sáhara Occidental me mostró la cara amable de un pueblo encantador, y también una tierra árida y hermosa, sin elevaciones dignas de mencion, que lucha cada día con la melancolía de saber que no hay victoria, que no se van a ir. Estoy ansioso por volver para seguir aprendiendo de la tierra en la que vivieron mis abuelos, y donde mi madre paso los primeros años de su vida. También me queda el recelo de conocer el oeste del país, pero un reino y un pueblo enfrentados me impiden cruzar hasta allí. Hay, además de rifles, minas y soldados, un muro de roca y tierra que cruza de norte a sur. Lo vimos con nuestros propios ojos, un muralla más. Recuerdo las más famosas: Palestina, EEUU, las dos Coreas. Pero claro, no todas las murallas son de cemento o roca. Algunas son un mar repleto de patrulleras y helicópteros. Sólo tengo que mirar hacia el oeste, entre mi casa y el suelo que acabo de pisar.

Mauritania me mostro como se expolian los recursos naturales de un pueblo pobre. Si lo quieren ver con sus propios ojos no dejen de visitar Nouadibou. Dentro de poco ya no quedará pescado, y si tengo la oportunidad de volver podré ver qué pasa. Imagino que españoles si habrán, en la medida que consigan hacer rentables los tour-operadores que se abalanzan sobre la region. Pero las flotas, los grandes barcos rusos, chinos, españoles, etc, esos se irán. Sólo estuve en Nouadibou, Nouakchott y Rosso, así que tampoco puedo hablar con propiedad. Espero en un futuro poder visitar el interior del pais, ese que sólo pude imaginar mirando el impresionante mar de dunas que cruzamos en direccion sur.

Todavía me queda la mitad del viaje. Queda Malí y el interior de Senegal. Queda volver a andar el camino andado, queda regresar. De todas las sensaciones que recorren mi mente en estos días hay una que sobresale de las demás. Me gusta descubrir mundo, pero sobretodo quiero compartir ese camino con las personas que más quiero (espero que ellas sepan quienes son). Son mis pilares, por más que a veces, por arrogancia, me intente engañar. Sin ellos yo no me veo cruzando mares, desiertos o rios; ellos siempre serán mi verdadero hogar.

Evolución, no revolución (Por Yeray)

Día 28 de nuestra aventura. Hemos cruzado el ecuador del viaje. Recorremos mucha distancia y muchos paises para estar solo dos meses. No conseguiremos estar en todas partes, pero eso ya lo sabíamos desde el principio. Está saliendo como nos gusta; las paradas son pocas pero intensas. Es así como se conoce un lugar, la comida, los paisajes y sobretodo da tiempo de ahondar en sus gentes. No vamos a toda prisa, esa era la intención al principio pero África nos dio un par de bofetadas y nos puso en nuestro sitio. Ella marcó el ritmo. Ahora, con más calma, parece que la respetamos más. La tratamos como la mujer que es. Ya sabemos que no vamos a desentrañar ni un uno por ciento de sus secretos, aunque esa pequeña cantidad sea demasiado para nosotros. Eso te deja entrever lo infinito del conocimiento universal y como humanos que somos lo limitados que estamos.

Pretender comprender todo sería un atrevimiento, una batalla perdida sin haberla comenzado. Quedémonos con lo que podamos asimilar y sintámonos afortunados. Sí, África es femenina, porque dió la vida. Es ella como Europa, América, Asia, Oceanía, o la Antártida. El mar no es masculino, es también ella, ¿y quién es más fecunda que la mar?. Como dijo Hemingway “La mar la llaman los que la aman”.

Sí, somos hijos rebeldes. Nos volvemos desagradecidos cuando perdemos el apego a nuestra Tierra. Es decir cuando ya no dependemos de las estaciones o cuando canalizamos el agua a nuestro antojo. Monstruos en la caverna de Platón cegados por nuestra tecnología. Entonces perdemos la perspectiva de lo real, del funcionamiento de la naturaleza. Ante el desastre ecológico escondemos la cabeza como avestruces. Pero el peligro avanza. Y todos lo sabemos; algunos en el fondo de su ser, secretamente, otros concienciados hasta la médula. Basta ya de concienciación, ya es hora de pasar a la acción. Todavía no es tarde, esa no es la excusa. Como antes nos ha sorprendido con su capacidad regenerativa, de amortiguar los desequilibrios. Lo seguirá haciendo. Sólo tenemos que darle un respiro. En nuestra casa, en nuestra playa, en nuestra ciudad. Cambios desde los niveles más pequeños, que son los que nosotros, los ciudadanos, podemos controlar. Porque aunque creamos que no somos nadie, todos los habitantes de la tierra, incluso los líderes mundiales, son ciudadanos. Por eso somos muchos, más que nadie. Esas mejoras irán ascendiendo en la jerarquía de la sociedad como en un castillo de naipes. La primera fila tiene que consolidarse para pasar a la segunda. Se empieza desde abajo. Haremos lo que esté en nuestra mano, que no es poco; y lenta pero imparablemente exigiremos a los que están un poco, sólo un poco más arriba, que hagan lo propio. Los alcaldes, los diputados, los presidentes y sobre todo los directivos de las grandes empresas. Se lo ordenamos, con el poder que nos confiere el voto pero sobretodo con el que nos otorga el conocimiento. Saber que si todos ponemos un poco de nuestra parte, con acciones aparentemente insignificantes, pronto pasaremos a la segunda fase. La consciencia de nuestro poder para hacer pequeños cambios es lo que nos hará fuertes. Así peligrará su poder y sus mandatos. Nos hacen creer que vivimos en el único mundo posible, su mundo. Pero nos temen. Si no, no gastarían esas ingentes cantidades de dinero en hacernos creer que las cosas son estáticas. No podemos dejar en sus manos algo que primero concierne a nosotros mismos como hijos de nuestra madre tierra. Le debemos ese respeto y ese agradecimiento.

Debemos mejorar las cosas desde desde la base y no pretender que lo hagan ellos por nosotros. Sacar la cabeza del agujero y entender que el camino más largo comienza por el primer paso. No con grandes revoluciones sino con la de nosotros mismos. Confiemos en nuestro poder, el poder del conocimiento.

Niños (por tony)

De la basura, juguetes,
de las sobras, el almuerzo…

Por todas partes niños riendo,
niños que juegan
y corren descalzos.
Por todas partes niños pidiendo,
niños trabajando,
niños cuidando de otros niños.
Por todas partes niños riendo,
niños llorando,
niños durmiendo a cielo abierto.
Por todas partes niños sin madre,
niños sin padre,
niños hambrientos.
Por todas partes niños sin quejas,
niños felices,
niños contentos.
Por todas partes niños riendo.

Rompiendo tópicos. (Por Yeray)

No hay nada como viajar para romper tópicos y es que si una cosa estamos aprendiendo en este viaje es sobre la vida misma. Es curioso que para conocer más sobre uno mismo es imprecindible conocer a los que te rodean. Las culturas de las que estamos aprendiendo, siempre a través de la mirada subjetiva de sus habitantes, nuestros amigos y personas que se cruzan en el camino, son las que nos están enseñando cómo somos en occidente. Me veo en la necesidad de reflexionar sobre lo vivido. Sobre todo para que sepamos que nuestra forma de vida, que queremos globalizar a traves de los medios de comunicación y las multinacionales, no siempre es la más acertada ni la más tolerante con los ciudadanos de este planeta tan diverso como es el nuestro. Las comparativas con la vida en España hace tan solo unas decadas surgen espontáneamente en mi cabeza. No dejo de acordarme cómo contaba mi abuela que lavaba la ropa o cómo luchaba mi padre por algo de la libertad que tanto disfrutamos. A pesar de esos indudables avances económicos, políticos y de alguna otra índole, que nadie en su sano juicio puede negar, también nos damos cuenta de la imparable deshumanización que nos corrompe. Hoy nos contaba nuestro sabio amigo mauritano Moctar que aqui en Senegal hay viejos que no pueden comer solos. Les explico. Es costumbre en este pais comer todos de un mismo plato, una persona se encarga a la vez que disfruta del “festín” de repartir a cada uno de los comensales pequeños trozos de pescado o verduras y así distribuir fraternelmente la comida. Despues de tantos años compartiendo cada plato, una persona mayor, cuando le hacen comer solo, no puede sentir otra cosa que rechazo. Imaginense lo que sienten nuestros mayores cuando los recluimos en centros donde se les excluye implícitamente de la sociedad. Aqui se respeta mucho la experiencia. Supongo que ésta cobra mas importancia en culturas donde la principal vía de tramision de conocimientos sigue siendo la comunicacion oral. Apenas se ve la televisión y los viejos, nos decía Moctar, cuentan historias despues de la cena; historias de lo pasado, de lo vivido y de lo fantástico. Son costumbres que crean vínculos entre la familia. ¿Como mandar al asilo al abuelo que nos cuenta historietas magníficas, hace soñar y apegarnos a nuestros antepasados y a nuestras tradiciones?. Mi madre siempre dice: La familia que come unida permanece unida. En África cobra sentido la palabra comunidad, para bien y para mal. Y no quiero decir con esto que sea perfecta ni que sus habitantes estén siempre danzando y sean todo generosidad, nada más lejos de la realidad. Su pobreza, ignorancia, guerras y sobre todo su incorregible y patológica corrupción les lleva a que año tras año estén incluso peor. Que no todos los problemas son culpa del toubab (hombre blanco). Pero esos problemas ya los conocemos todos de sobra. Lo que no conocemos de sobra son nuestros propios errores, los caminos fallidos que acompañan al desarrollo, esas cosas que podemos aprender de nuestros vecinos africanos, o mejor, que nunca debimos olvidar. Otro mundo es posible y está en este mismo, en nuestras raíces y en nuestros mayores. Aprendamos a evolucionar, asimilando lo bueno del presente y conservando lo bueno del pasado. Siendo críticos con lo que nos llega y no tragandonos todo lo que nos echan. Todavía tenemos mucho que aprender del continente que nos dió la vida hace ya millones de años. Y es que como les decia… no hay nada como viajar para romper tópicos.