La vuelta (por tony)

la vuelta es un vaso vacío cubierto de polvo
una gota de agua en la arena del desierto

la vuelta es una libreta cerrada
sin letras ni garabatos

una flor marchita en un jarrón

una muerte llena de vida
una vida sin ganas ni motivos

la vuelta es un escarabajo en una caja de cartón

un amanecer nublado
una tarde de lluvia
una piedra en la mano

la vuelta es la soledad en compañía
un charco de barro
una mirada perdida

la vuelta es un un barco hundido
que nadie ha visto
y nadie ha buscado

la vuelta es un prado seco ante el fuego
un ocho convertido en infinito

la vuelta es un mundo sin sentido

Gracias, merci, shokran, djiere dieuf, abaraká, iniche…

Gracias Ahmed, Andrés, Raquel, Mamito, Sejk, Maylen, Sandra y todos sus compañeros de Médicos del Mundo en Saint Louis, Faye, David y Mónica, Octavio, Fernando, Antonio, Enrique y Gabriel, Rosa y Oscar, Sara, Daouda, Moctar, Madelaine, Ibrahima y toda su familia y amigos de Coulibantan, Arantza, Babacar, Jose.

Gracias Tarfaya, El Aiunn, Boudjour, Dakhla, Nouadibou, Nouakchott, Rosso, Saint Louis, Kelle, Dakar, Coulibantan, Tambacounda, Kidira, Kayes, Bamako, Kita, Matam, Diama y todo lo que hay entre ellos.

Gracias Marruecos, Sáhara Occidental, Mauritania, Senegal y Malí.

Gracias también a todos los que siguieron este blog y sobretodo a los que se atrevieron a hacer comentarios.

Gracias Feroza, nos sentimos profundamente orgullosos de ti.

Gracias Rubén por hacerlo arrancar y mucho más que eso.

Gracias padres, hermanos, novias y amigos del alma.

De parte de los tres, muchísimas gracias.

Fotos (por Pablo)

Para aquellos interesados estoy subiendo algunas de las fotos del viaje a mi web de picasa. Les adjunto el enlace por si les interesa. Poco a poco iré añadiendo nuevas fotos. Un abrazo a todos.

http://picasaweb.google.com/cadenared

El regreso a casa o las lágrimas de África

Finalmente hemos llegado a casa. En Dakhla pasamos dos noches más, donde pudimos disfrutar de las playas, además de un tradicional couscous, bocadillos de kefta y pollo y un delicioso estofado de carne de camello con cebolla y papas fritas (cortesía de nuestro amigo Ahmed). El único inconveniente de estos días de descanso fueron las pulgas, indeseables compañeras de saco durante dos noches. El día 19 salimos a las siete de la mañana hacia Tarfaya. El viaje se hizo largo, pero llegamos a nuestro destino al atardecer. Antes tuvimos tiempo de tomar unos bocadillos de kefta y pollo en El Aiunn. Acampamos a unos 20 km del pueblo de pescadores, arropados por una duna que nos protegía del viento y nos dimos el último baño en las aguas de Marruecos (Tarfaya ya es sur marroquí), a apenas 100 km de la costa canaria.

Al día siguiente nos despertamos temprano y recorrimos los últimos kilómetros continentales. La mañana estaba nublada y por primera vez en todo el viaje, una pequeña lluvia, apenas un chispeo, cayó sobre el Feroza. Parecía que África derramaba unas pocas lágrimas de despedida. A las 10 salimos con destino Fuerteventura. Tras cuatro horas de crucero y una hora y media de espera en la frontera española salimos disparados hacia Morro Jable con la esperanza de cambiar los billetes y salir esa misma tarde hacia Gran Canaria (los billetes tenían salida desde Puerto del Rosario y ningún barco salía hasta pasados dos días). Cumplimos nuestro objetivo, aunque en parte nos quedamos con pena de no haber dedicado un poco de nuestro tiempo a Fuerteventura, ya que teníamos en mente pasar dos noches de acampada si no nos cambiaban los billetes.

A las nueve y media de la noche desembarcamos en el Puerto de la Luz. Casi dos meses después de la partida, estábamos de nuevo en casa.

De Saint Louis a Dakhla y la salud del Feroza

Por supuesto no llegamos de día a Nouakchott. Al salir de Saint Louis, cuando habíamos superado los tediosos controles policiales, un siniestro ruidillo nos hizo miranos mutuamente unos instantes. El volumen se incrementó rápidamente y paramos el coche en el andén. Abrimos el capó y comenzó a salir humo de una de las correas. Apagamos el motor y la frase de Tony fue: “Me da que nos volmemos en barco desde Dakar”. En uno de los volantes de la correa de la bomba de la dirección se podía observar un trozo de metal fundido que sobresalía del mismo con un aspecto desmoralizador. Inmediatamente llamamos al mecánico que minutos antes había soldado las grietas del radiador y acudió enseguida en su moto. Su rápido diagnóstico nos tranquilizó al instante. Al parecer los cojinetes se habían quedado sin grasa. Esperamos unas horas tirados al borde de la carretera hasta que volvió con el recambio y montó la pieza. Eran las tres de la tarde y tuvimos que decidir si dábamos la vuelta para salir al día siguiente o proseguíamos el camino con la certeza de tener que conducir de noche hasta Nouakchott. Optamos por la segunda opción y nos dirigimos hacia Diama, una presa que rompe el río Senegal y hace de paso fronterizo con Mauritania. No tuvimos muchos problemas para cruzar la frontera y después de unas dos horas y media de pista de tierra alcanzamos Rosso. Todo el trayecto entre Diama y Rosso lo hicimos sin el pertinente seguro mauritano para el coche, pero en los escasos controles que encontramos no nos solicitaron el documento. Para nuestro asombro la policía mauritana se mostró bastante amable. En Rosso volvimos a recordar el agobio que causa ese lugar mientras cambiábamos euros a ouguillas y sacábamos el seguro. Ya eran las seis y media cuando comenzamos el camino a Nouakchott.

El trayecto hasta la capital mauritana pasó sin sobresaltos y poco a poco nos fuimos acostumbrando al lenguaje de luces que se aplica en los trayectos nocturnos. La mayoria de la gente pica las luces indiscriminadamente y pone los indicadores según su propio criterio, suponemos que para marcar su posición, aunque no descartamos la existencia de algún lenguaje parecido al morse, con estructuras gramaticales luminosas bastante complejas. Sobre las diez y media llegamos a Nouackchott, donde nos esperaba un médico amigo de un amigo que nos acogió en su casa y nos invitó a cenar (hamdoulilah). Depués de una jornada agotadora caímos rendidos sobre los colchones, pero contentos de haber superado dos averías en tiempo récord y haber alcanzado nuestra meta.

Por la mañana temprano nos despertamos y preparamos el coche. Todavía asustados por las primeras averías del Feroza vimos que todo estaba bien y nos lanzamos de nuevo a la carretera. El objetivo del día era nada menos que recorrer poco menos de 1000 km hasta Dahkla, con frontera mauritano-marroquí incluida. El primer incidente no tardó en llegar: en uno de los inumerables controles policiales-militares el cuentakilómetros dejó de funcionar. Otro aviso de que el Ferozihna estaba empezando a notar la caña que le habíamos dado durante el viaje. Al menos el tiempo acompañó durante todo el trayecto y el calor no hizo estragos, a pesar del fuerte viento del este que sopló durante toda la jornada. Siempre quedará en nuestra memoria la alfombra móvil de arena que atravesaba la carretera a nuestro paso, que por cierto, sacó brillo a las sucias llantas del coche.

Sobre las tres y media por fin alcanzamos la frontera. En uno de los largos ratos de espera Tony realizó un descumbrimiento aterrador: el amortiguador trasero izquierdo estaba completamente destrozado. No nos estamos refiriendo a que hubiera cedido por el uso, sino que literalmente estaba partido en dos, algo que nos dejó atónitos y bastante desmoralizados. Otra de las anécdotas “graciosas” del día fue perder la pista en la “tierra de nadie”, una carretera de tierra de 2.5 kilómetros en bastante mal estado que atraviesa una zona minada. Sin comentarios. Una hora y media después habíamos realizado los pertinentes trámites y pudimos seguir camino a Dahkla. Los últimos kilómetros del trayecto se hicieron agotadores. Otro día más superamos las doce horas de conducción. En apenas 24 horas habíamos pisado nada menos que tres países.

Llegamos a Dahkla a las once de la noche y nos dirigimos hacia el camping donde nos habíamos alojado hacía poco menos de dos meses, pero para nuestra desgracia las maravillosas jaimas que habíamos usado aquella vez estaban desmontadas. Al final optamos por montar nuestra propia caseta, preparar una cena rápida y desplomarnos sobre nuestras esterillas.

Nuestro querido compañero de viaje (compañera para Pablo) no deja de toser. Después de las fisuras en el radiador, la fundida del cojinete en la bomba de la dirección, la pérdida del cuentakilómetros y la ruptura del amortiguador, descubrimos con horror que el coche sigue perdiendo líquido refrigerante. Estamos bastante preocupados con la viciada dinámica que está empezando a coger (aunque seguimos confiando en el Feroza y sabemos que nuestro destino es llegar a casa con él en marcha). Ya sólo quedan unos 700 kilómetros hasta Tarfaya, por lo que hemos decidido seguir el camino muy atentos al radiador. La única buena noticia es que en una de las revisiones hemos arreglado el cuentakilómetros.

Como compensación a tanto sufrimiento, hoy nos hemos dado un baño dentro de la península de Dakhla, concretamente en la calita habitada por nuestro amigo Ahmed, quien por supuesto nos obsequió nada más llegar con un dulcísimo té saharaui y nos invitó (obligó) a comer al día siguiente con él. Por la noche, para completar la jornada, disfrutamos de un magnífico tajin marroquí que habíamos encargado con antelación en un restaurante tradicional que ya conocíamos de nuestra anterior estancia aquí.

Acaba de llegar el mecánico…

El radiador está soldado. Lo ponemos y salimos. Con suerte llegaremos de día a Nouakchott.

Besos.

La gota que colma el vaso…

9.45: Quieren multarnos por tener el Feroza “aparcado” en una zona indebida. Tenemos que meter el coche en el garaje a empujones cuesta arriba… No pagamos pero sudamos un poco…

A la espera del mecánico. Mauritania sigue esperando…

10.00: El mecánico ha desmontado el radiador y se lo ha llevado para soldar la grieta. Estamos a la espera de que regrese. Una vez reparado la idea es salir hacia Nouakchott, pero si se hace demasiado tarde puede que tengamos que pasar la noche aquí.